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El gerundio, ¿fray o diablo?


Decíamos el domingo pasado, que hay un cierto temor (entre los que se preocupan por hablar bien, claro está) a la hora de usar gerundios. Buscando el origen de ese temor, repasábamos la “Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas”, de José Francisco de Isla (siglo XVIII), donde el hecho de darle este nombre al predicador que representaba a charlatanes y embaucadores ya nos va dando una pista.

En efecto, el DRAE recoge, entre las acepciones del término “gerundio”, una muy pintoresca, aunque con la advertencia de que pasó de moda: “Persona que habla o escribe en estilo hinchado, afectando inoportunamente erudición e ingenio. Se usa más especialmente refiriéndose a los predicadores y a los escritores de materias religiosas o eclesiásticas” (esto, claro, gracias a la obra aludida).

No en balde, como dijimos, algunos prefieren cortar por lo sano y proclaman: “¿Gerundios? ¡Vade retro!”. Es que de inmediato huelen el peligro, ese cierto tufillo a azufre que nos remueve los miedos atávicos, ¿o será simplemente que recuerdan aquel famoso anuncio panameño de los 80: “Siguiendo viviendo en El Chorrillo”?

 

Insisto: no somos solo los panameños los de este temor. De uno de los libros que consultaba para la serie “La cuesta de enero”, de las anteriores columnas, salió un recorte de El Panamá América, página A-12, fechado el viernes 5 de octubre de 2007, con el título “Gobernador prohíbe los gerundios”. La nota de EFE explica que se trata del gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, quien anunció la medida mediante decreto, considerando que los gerundios son culpables de la falta de eficiencia de los burócratas brasileños (otra digresión: “brasileño” es el gentilicio de Brasil; Brasil se escribe así en español, de ninguna otra forma; la palabra “brasilero” es un pegote derivado del portugués “brasileiro”, que intenta abrirse paso en boca de los que prefieren lo importado).

Sí, lectores: los funcionarios brasileños no rinden por culpa de los gerundios (¿no les suena conocida esa manera de buscar la fiebre en las sábanas?). Al menos el gobernador Arruda cree que sus subalternos se escudan con malicia tras frases como “estamos planificando”, “estamos preparando”. En este caso, supongo que en vez de colocar un cartelito en la ventanilla que diga “Estoy almorzando”, los oficinistas deberán indicar: “Salí a almorzar”, y en vez de sacudirse con un “Estamos trabajando en eso” tendrán que contestar “Las acciones necesarias para dar respuesta a su solicitud ya se adoptaron” (Creo que fue el gran Tristán Solarte el que le dio nombre a estas jergas profesionales: burocratés, abogadés…)

Pero, ya sin tanta vuelta, ¿qué es el gerundio?  El gerundio es una forma invariable (no cambia) y no personal (no indica quién realiza esa acción) del verbo. Termina en –ando o –iendo (“Caminando o corriendo llegaré a la meta”), e indica una acción que está ejecutándose.

 

Por su carácter adverbial (recuerda: el adverbio indica la forma en que se realiza una acción), el gerundio puede indicar modo (“Llamó la atención gritando improperios”), tiempo (“Gobernando Porras, se construyó el Hospital Santo Tomás”), duración (“El lápiz rodó por el piso, escondiéndose detrás de la mesita”), motivo (“No teniendo con qué comprar el cuadro, me retiré de la galería”), concesión (“Aún rogándoselo su madre, no abandonó la pelea”, etc. Hasta puede describir una escena (“La Primera Dama entregando donaciones a los damnificados”).

Se acabó el espacio. Vámonos saltando, bailando, cantando, mojando, que el Carnaval ya está sonando. Falta otra columna, sobre los errores en el uso de esta forma verbal; la escribiré disfrazado de fray Gerundio.

Que la palabra te acompañe.


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522934
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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