Son 22 hombres, en pantalones cortos, corriendo detrás de una pelota. Hasta cierto punto no tiene el más mínimo sentido lógico, mucho menos poético.
Más extraño es que estén en un rectángulo engramado y ante la mirada de miles de personas que acuden a presenciar a estos hombres luchar por la pelota.
Es más, términos bélicos están presentes: disparo, defensa, ataque, tiro, remate, contención, etc. Agreguemos dos hombres que se creen sabiondos.
Todo esto parece un escenario de "locos". Entonces llega un momento sublime, mágico y diferente. Es como una sonrisa en boca de la mujer amada... Sí, ese momento de éxtasis le llamamos gol, la razón de ser del juego. Es la emoción nunca descrita. Entonces todo cambia y somos felices. Somos poetas. El gol es el alma del fútbol.
Todo esto lo digo porque, lamentablemente, este clímax deportivo es lo que le hace falta a Blas Pérez. Así es. ¿Dónde están tus goles Ratón? ¿Se habrán quedado en Cúcuta? ¡Ave María Pues!