Prudencia Estela es aquella alma soñadora que nostálgicamente se pierde en el mundo de los recuerdos junto a su eterno amor, Carlos Heron, aquel hombre soñador que sólo vivió para ella y el béisbol.
Traslademos nuestra mente a aquella mitad de la década del 50. Vivamos aquella noche en el Juan Demóstenes Arosemena cuando ella conoció a Heron, quien robó su corazón y le regaló una vida.
Heron estaba en la tercera base y Estela esperó el momento ideal para conocerlo.
Tras tener ese primer encuentro, nuestro personaje empezó a frecuentar constantemente Calidonia, específicamente la calle donde residía la dama. Cual pretendiente a la antigua usanza.
Al tiempo Carlos la miró a los prismas del alma y le dijo: quiero que seas la madre de mis hijos.
Ella le dijo un sí que duró más allá del tiempo, donde las manecillas del reloj no podrán llegar.
Tras viajes a Estados Unidos, ellos tuvieron un noviazgo de 6 años, de esos que hoy están en peligro de extinción.
"Fue un lindo noviazgo. Luego nos casamos y duramos 44 años como pareja", nos explica Estela, con un tono dulce, más aun cuando menciona su nombre.
"A los 7 años de matrimonio tuvimos nuestro primer hijo. Pensábamos que no podríamos. Un día viajé a Canadá y al regresar ocurrió el milagro. Cuando se enteró fue tan feliz. Con él tuve 4 niños", acotó su esposa.
Ella nos permitió entrar con respeto a un hogar, bañado por nostalgias, donde la familia extraña a "Chico" Heron.
La mesa está repleta de recuerdos. Fotos que plasman anécdotas que no se pueden publicar, pues sólo están en el corazón.
Allí se ve la imagen de Carlos como jugador, cuando en la década del 50 jugó en Triple "A" con el equipo de Tacoma, en la Liga del Pacífico.
Carlos se ve sonreído, es feliz, ese rostro sólo puede ser de un hombre que está enamorado de la pelota.
Y no es para menos, pues jugó al lado de Juan Marichall (Salón de la Fama), Bobby Prescott y Mateo Alou, todos grandes ligas.
Como pelotero y técnico. Tantas cosas que contar de aquel personaje... pedazos de la vida, envueltos en jirones de amor y de dolor...
Aquella canción cuenta: "Que nadie grite, que nadie llore de sentimiento, si aquel amigo sólo se ha ido al descanso eterno".
Y Estela sigue allí. Fiel a Carlos Heron. "A él le gustaba almorzar arroz con coco, porotos y rabito de puerco. Eso y escuchar al mediodía a Víctor Raúl", comenta su esposa.
Hoy a Carlos lo extrañan. Y mientras sus seres queridos lo recuerden, jamás habrá muerto, pues en el corazón se vive para siempre. Descansa en paz enamorado del béisbol, porque en el cielo también hay diamantes, iguales a aquellos donde conociste el amor.