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‘El hechizo’


A Hela le deleitaba admirar su imagen en el espejo, era una costumbre que había crecido con ella. Cada vez que acariciaba su imagen en el espejo sentía una agradable sensación de superioridad. Su hábito narcisista no era lo único malo que tenía. Desde muy pequeña sentía una extraña atracción por la maldad, y siempre se las arregló para desafiar las leyes del mundo y manejar a las personas a su antojo para conseguir lo que quería.

Su conciencia siempre le indicó que poseía el mejor de los anzuelos para atraer a los hombres: su belleza, sumada a una sensualidad que enloquecía a cuantos se cruzaban en su camino. Lo que ellos desconocían era el precio que tenían que pagar por poseer aquella belleza.

Después de muchas desapariciones, sin explicación alguna, y sin pruebas que demostraran su culpabilidad, salvó su pellejo, una vez más. Su vida en aquel sitio no tenía sentido. Debía escapar, como siempre lo hizo desde que encontró el espejo. Era imposible permanecer en el mismo lugar por mucho tiempo. La estrechez de su mente no le permitía comprender que el lugar no era el problema, el problema estaba en ella.

 

Emprendió el viaje y observaba por la ventana, con una sonrisa burlona, cómo se alejaba de aquel lugar, su corazón saltaba cada vez que pensaba en la nueva vida que comenzaría.

Al fin llegó a su nuevo destino. Una ciudad donde abundaban los edificios, la naturaleza era casi ausente, muchos carros, mucha gente, todos con un motivo para caminar rápidamente, suficiente humo para intoxicar los pulmones.

Su nueva casa era un gran vacío, como su vida. Colocó su bolsa en el piso y se dirigió a un cuarto, debía colocar su único acompañante, el espejo. Hela estaba feliz, pues en una gran ciudad era difícil notar cuando comenzaran las extrañas desapariciones.

 

El espejo que la acompañaba desde hacía mucho tiempo era singular. Lo descubrió poco tiempo después de que lo encontró. Tenía un punto negro, que podía jurar, se movía cada vez que ella pasaba la mano para acariciar su imagen. Un día, mientras daba rienda suelta a su extraña costumbre, en lugar de que el punto se moviera, este se expandió de una forma inimaginable, el corazón de ella brincó y apartó su mano rápidamente. Luego, del espejo emanó una voz que le dijo: “Si me alimentas con muchas personas te verás más bella cada día”. Hela no dejaba de mirar el espejo con asombro. No podía creer lo que le estaba sucediendo.

Después del increíble suceso, necesitó tiempo para digerir la situación, y comenzó a madurar la idea, pero sabía que ejecutar una acción como la que el espejo le había sugerido llevaba su proceso. Buscó, entonces, su primera presa. Una chica poco agraciada y que luego de varios encuentros logro convencer de que la visitara con el pretexto de mejorarle la imagen. Aquel día llegó y, en efecto, después de maquillajes y peinados, la llevó ante el espejo y el esperado asombro de la chiquilla al contemplar la transformación que había sufrido; se convirtió en el momento perfecto para que Hela le dijera: “La belleza se disfruta mejor cuando se acaricia”, tomó la mano de la chica y la llevó al espejo y grande fue su asombro cuando vio que el espejo se tragaba a su primera víctima. Inmediatamente, Hela se miró en el espejo y creyó verse más bella, a partir de ese momento no dejó de repetir aquella acción. A la chica le siguieron algunos de sus amantes, aquellos que dejaron de satisfacer sus deseos, también las personas que de una u otra manera le estorbaban en su estilo de vida.

La obsesión por la belleza la estaba empujando a tejer su propia trampa, alimentaba algo que no conocía.

 

Después de algún tiempo de haberse instalado en aquel nuevo lugar, Hela se miró en el particular espejo, como era su costumbre, pero este le ofreció una imagen distorsionada. Esa no era su imagen. Era la primera vez que le pasaba algo semejante. No lo comprendió, pues ella no sabía, que el espejo necesitaba de una cantidad exacta de personas, para romper el hechizo que una malvada reina lanzó en contra de un hombre que nunca pudo amarla.

Desde ese día el espejo jamás mostró el rostro de Hela, esta al borde de la locura, pues no podía realizar su ejercicio habitual de acariciar su imagen tocó el punto, este se expandió y se la tragó de un sorbo. Todo fue tan rápido.

Segundos después, el espejo arrojó un hombre cuyas ropas indicaban que no era de esta época. Un poco confundido, pero feliz de haber logrado su propósito, al verse en un lugar diferente a lo que había visto por última vez, salió de la casa y le contó a la primera persona que se cruzó en su camino que estuvo encerrado en un espejo por mucho tiempo, por haber dicho que amaba a la hijastra de una malvada reina. La mujer que escuchó la increíble historia pensó que todo era una broma.


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681639
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América