El Estudiantes, ganador de la Copa Libertadores 2009, es un campeón por donde se lo mire, porque hizo méritos durante el desarrollo de la competición, alcanzó el título con autoridad y transmitió un espíritu entre profesional y aficionado que le dio encanto a su conquista.
En el Estudiantes se habla hoy de una mística heredada de tiempos gloriosos, porque existe un sustento histórico, pero también del valor de que su equipo se haya propuesto reciclar ese capital del que, tras casi cuarenta años de logrado, sólo quedaban testimonios en blanco y negro.
Las tres Libertadores ganadas entre 1968 y 1970 y una Intercontinetal de aquellos años eran recuerdos que un descendiente de uno de aquellos campeones, un hincha-jugador como Juan Sebastián Verón, “La Brujita” recuperó y promocionó en un vestuario como el objetivo a seguir.
Lo hizo cuando en 2006 regresó al club tras una década en Italia e Inglaterra, con una situación económica acomodada y con las ganas intactas de volver a probar con el Estudiantes -al que entre otros hizo grande su padre, Juan Ramón- la búsqueda de aquel camino.
Ese año Verón, timonel del Estudiantes cuando sale al campo y el entrenador se queda a un costado, fue campeón de Liga con el equipo de sus amores, y en 2008 finalista de la Copa Sudamericana.
"Este año hay que ganar la Libertadores", dijo en enero durante la pretemporada, cuando el conjunto estudiantil no aparecía como candidato a ningún título.
El miércoles en Brasil, tras la victoria en remontada frente al Cruzeiro por 1-2, gracias a los goles de Gastón Fernández y Mauro Boselli, al técnico Alejandro Sabella, que es de pocas palabras, hizo una síntesis del experimentado centrocampista al afirmar que "es el jugador más preponderante del Estudiantes en toda su historia".