El golf es un juego en el que la humildad hace su aparición en todo su esplendor y este sentido es el que todos debemos no solo aplicar sino transmitir desde la infancia a todo el que se inicie en este apasionante deporte.
El golf es un juego maravilloso y sin embargo, no tiene sentido alguno para aquellos que no lo practican. Lo puede jugar cualquiera, desde un niño hasta un anciano, no obstante, no es un juego de niños ni de ancianos.
Ha sido definido por muchos como un juego de locos, para otros como una enfermedad, también como un vicio, una obsesión, incluso como una pasión.
De todas formas quienes lo practican no pueden desconocer ni negar la ansiedad que produce este juego.
El golf, te ilusiona y seguramente también te desalienta, te hace subir y no lo dude que también te baja, te ofrece grandes satisfacciones y otras te produce frustraciones, te da agonía y te lleva al éxtasis. Es el más humillante de todos los deportes y de todos los juegos. En él se derrumba la arrogancia y solo tiene cupo la "humildad".
También tiene su magia. Te aleja de la civilización poniéndote en contacto con la naturaleza en un espacio, en un escenario precioso. Un campo de golf siempre es bello, no importa que esté lloviendo, haciendo frio o calor, al fin de cuentas, todos estos factores son insignificantes como para impidir jugar una ronda de golf.
El golfista juega contra la cancha y contra oponentes, pero sobre todo, contra él mismo, contra su consciencia sus miedos y sus angustias.
En el golf no tienen cabida los tramposos, pues esta es la peor deshonra de un golfista.
Este juego, que está lleno de emociones, de ilusiones y de tristezas, es tan encantador que siempre nos hace pensar qu vamos a mejorar. ¿ Será por eso acaso, que nunca queremos dejarlo?.
Cabe entonces aquí citar lo que nuestro profesional Germán Calle sostiene que "El golf es como la vida, unos golpes son buenos y otros golpes son malos, para siempre terminar en un hoyo".