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El laberinto de ‘Gabo’ y Bolívar

Márquez nos asombra con los fieles relatos de los hábitos de Bolívar. De su costumbre de dictar cartas, dicen que dictó miles desde que escribió la primera en un viaje a México a los 16 años.


Andrés Villa (diad@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Al volver a leer, veinte años después, la obra “El General en su Laberinto”, encuentro enfrentados al novelista Gabriel García Márquez y la figura de Bolívar, en los últimos seis meses de su vida.

Por el paso del tiempo y por el punto de vista con que mido al autor y al Libertador es una obra distinta. Me intereso en el novelista que utiliza el realismo mágico para construir una obra que recoja los hechos de la retirada de Bolívar, y con otras pinceladas, sobre el mismo lienzo, los principales acontecimientos de su vida. Es el viaje geográfico desde los Andes bogotanos, por las aguas del Río Magdalena hasta llegar a su destino final en Santa Marta.

Encontramos a un Bolívar enfermo de tisis, que se entera de que sus anfitriones, a su partida, queman los utensilios por él usados. Con el convencimiento de que ha arado en el mar. Que después de haber ostentado el triple poder de Presidente de Bolivia y Colombia y dictador de Perú, ha sido derrotado por los intereses de las oligarquías de cada uno de los países.

Mi interés de estudiar la etapa postindependencia latinoamericana, en la que se inicia una feroz lucha por el poder, que aún se puede notar. Para comprender el presente y el pasado, tengo que estudiar los inicios de nuestra historia política. El General en su Laberinto, aunque novelada y mágica, nos da muchas luces sobre el asunto.

Me llama la atención del encuentro en París, de un Bolívar muy joven, con Humboldt. El sabio alemán le dice que las colonias americanas están maduras para la independencia. “Pero lo que falta es el hombre”.

Siempre hace falta quién se atreva. Todos los países reconocieron los desvelos del héroe, pero solo años después de su muerte. En todas las ciudades de América, sobre todo en Bogotá, en donde sufrió un atentado que casi acaba con su vida, existen monumentos a Bolívar.

Una mujer de las calles de Bogotá, al ver su figura mermada por los años de protagonizar su papel de libertador, le da una despedida muy peculiar. “Ve con Dios, fantasma”.

Poco antes de morir, en la quinta San Pedro Alejandrino, y esperando noticias de nuevas conspiraciones que tuerzan a su favor el volver al poder, suspira: ¡Cómo voy a salir de este laberinto! Es la frase que inspira a García Márquez para titular su obra.

A mi gusto, la rica prosa, llena de pinceladas poéticas, propias del realismo mágico, choca con este tema histórico, pero es el desafío que adoptó el ganador del Premio Nobel. “Gabo” fue un maestro universal y así lo considera el último Premio Nobel, el escritor chino Mo Yan. “Mi escritura cambió al leer Cien Años de Soledad”, dijo recientemente.

Márquez nos asombra con los relatos de los hábitos de Bolívar. De su costumbre de mandar cartas. De su amor por la lectura y su afición de acostarse con bellas mujeres. De los personajes que lo acompañan, además de una tropa de soldados gonorrientos que esparcen aquel mal sin cura a lo largo de su retirada.

Como en una buena novela, el autor debe cumplir con revelar el destino de cada personaje que a través de las páginas del libro ha despertado el interés del lector. Entonces vemos cómo después de la partida de sus generales y de su edecán mexicano Iturbide, que canta como un charro, solo quedan con él Wilson, Fernando su sobrino y Juan Palacio, el antiguo esclavo que le asignó su madre.

Este es quizá el “otro” personaje de la novela, un empleado fiel que conoce todos los gustos de su amo, que no opina, que solo sirve. Después de ser recompensado con 8,000 pesos, por toda una vida de servicios, el personaje, sin amo, termina como un indigente en las calles de Cartagena.

Hoy, García Márquez sigue como el escritor que logró el reconocimiento mundial a las letras latinoamericanas. Mientras, Bolívar continúa siendo el más grande guerrero, estadista, un buen escritor, y un iluso en creer que después de la independencia, el sueño de una América unida era posible.

Terminó convencido de que en un futuro vendrían un montón de dictadorzuelos, y no se equivocó.

Pero todo eso no le quita mi admiración y la grandeza por siempre.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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