Hace unos ciento cincuenta años, el dramaturgo alemán Franz Grillparzer se refirió al rumbo que llevaba la humanidad como un paso del humanismo al nacionalismo y del nacionalismo al bestialismo, lo que sus compatriotas demostraron después con el Tercer Reich. Por cierto, fue también un alemán contemporáneo de Grillparzer quien hizo la advertencia de que la adquisición imperfecta del lenguaje es elemento principalísimo y causa eficiente de ese proceso regresivo.
El auge de los crímenes violentos y la creciente inseguridad obligan a tener presente que, en nuestro país, los niños, en una alarmante mayoría, terminan la primaria sin haber aprendido a leer, sin poder comprender a cabalidad lo que oyen y muchas veces sin siquiera saber qué significa lo que dicen. Luego, cada año, elevadísimos porcentajes salen de la secundaria y hasta de la universidad en las mismas condiciones.
Como aquí lo que más importa del mundo es Estados Unidos y como los rudimentos de pedagogía que aquí se aplican son copiados de los de allá, veamos que las estadísticas oficiales estadounidenses califican como analfabetos funcionales a dos de cada cinco adultos. Ya están importando maestros del Canadá porque el país más poderoso del mundo no produce maestros suficientes ni para el nivel formativo que prevalece actualmente.
Cuando uno tiene la suerte de encontrar a alguien que se exprese con claridad y entienda claramente lo que oye, se siente inclinado a pensar que no todo está perdido, pero luego se encuentra con que lo mismo han visto los fraguadores de nuevos métodos "pedagógicos" concebidos con miras a lograr el mayor grado posible de imbecilización general.
Hace unos años, por cierto, el eximio lingüista estadounidense, Noam Chomsky, denunció una carta de ésas que se cruzan los ejecutores de las políticas de globalización y de los programas para conquistar "mentes y corazones", en que el diabólico planificador decía: "Ahora que hemos logrado privatizar la economía prácticamente en todas partes, tenemos que comenzar a pensar en privatizar la educación, para lograr que todo el mundo piense como queremos".
Cuando el poder se esgrime para el propio beneficio o para beneficio de unos pocos allegados, no hay nada más peligroso ni más cargado de "sedición" que un ser humano capaz de raciocinar. El hombre que razona ha analizado y puede sacar conclusiones. Además, frente a un estado de cosas deplorable y siniestro, puede sentirse movido a la lucha, a un esfuerzo persuasivo que cale en las masas y haga que sea posible lograr cambios cualitativos en la organización y la marcha de la sociedad.
Voltaire, ese primer gran apóstol de los derechos humanos y singularísimo luchador contra toda discriminación, escribió sobre cómo los poderosos tratan de conservar las riendas a base de impedir la diseminación de los conocimientos mediatizando la educación o eliminándola. En su Discurso para los tontos comienza diciendo: "Si la gran cantidad de gobernados fueran bueyes, y la pequeña cantidad de gobernantes fueran boyeros, la pequeña cantidad haría muy bien en mantener a la gran cantidad en la ignorancia", y en el opúsculo intitulado Sobre el horrible peligro de la lectura, su genial ironía pinta a un mufti (nombre de los patriarcas religiosos musulmanes) que prohíbe a sus súbditos que le enseñen a leer a sus hijos, entre otras cosas, porque la lectura puede llevarlos a ser más productivos, y el consiguiente bienestar podría llevarlos a concebir sentimientos de solidaridad y de bienestar colectivo. Boyero, por cierto, es el que cuida bueyes o los maneja, pero cuidar de los gobernados en estos tiempos ha comenzado a significa más bien "cuidado con ellos".
Como no han sido suficientes cuatro décadas de eliminación gradual de los cursos de primaria y de primer ciclo de secundaria que antes aseguraban un nivel satisfactorio de adquisición del propio idioma, y como las masas todavía parecen "ingobernables" porque no quieren aguantárselo todo, ya sea por consigna internacional, ya sea por partenogénesis o quién sabe cómo, lo cierto es que han surgido nuevas estrategias contra la verdadera alfabetización.
En cuanto a la ofensiva en pinza del título, sin aludir a la estrategia de la batalla de Stalingrado, explico que me refiero a la nueva campaña para generalizar y hacer obligatorio una cosa que llaman "lenguaje con perspectiva de género", por una parte, y por otra parte, el increíble ritmo de eliminación gradual de todo programa que pueda servir para enseñar algo, ilustrar y formar.
Por una parte, el gobierno anterior distribuyó gratuitamente en los primeros años de primaria trescientos mil libros escritos en esa jerga insoportable que obliga a decir las niñas y los niños, los maestros y las maestras, cuando no se usa la arroba para escribir l@s niñ@s, y por otra parte, la televisión de cable ha eliminado el canal Eurochannel, el de Classic arts, el de People & Arts lo ha reducido a decoración de interiores y los de National Geographic los aniquila corrompiendo la imagen o el sonido, en tanto que, cada vez que el Canal Once va a pasar una película medianamente valiosa, el sonido desaparece y una película del cine mudo alemán queda con sonido de salsa o de curacha, o bien, el Via crucis de Mel Gibson se desarrolla al compás de un merengue. Seguiré el próximo domingo.