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El libro de los por qué


“¿Quién salió a vivir por mí cuando dormía?” Neruda

A los doce años, nada era trivial a mis ojos. El colegio La Salle era tinta y mar. Los Hermanos Cristianos eran personajes de Historia Sagrada o de Cuentos de miedo. Sin comprenderlo me sentía privilegiado de aprender en un edificio tan elegante como misterioso. El salón Bolivariano con su aire estancado que se quedó esperando a Bolívar, la estatua de Juana de Arco empuñando la espada y una bandera; el cóndor del museo parecía un Concord y el tapir un aburrido; el cuadro de frontón, único en la ciudad; los largos corredores sobre el Pacífico; la tiendecita llena de golosinas; los salones altos y bien ventilados. El viento del Pacífico bailaba tamborito en el cuadro de fut.

Salíamos a las once. Si no había una buena pelea en el Callejón de los Meaos, cruzaba la calle y subía a la casa de Papá Nanito. Apenas llegaba, mi abuela me daba una tajada de pan con mantequilla: «Para que aguantes hasta la hora de comer». Sacaba del librero algún tomo del Tesoro de la Juventud y me sentaba en el balcón a hojearlo. Mi favorito fue El libro de las narraciones interesantes, hasta que descubrí y aprendí a saborear El libro de los por qué. ¿Por qué las lágrimas son saladas? Hubiera respondido porque uno llora cuando está salado. No, en sus páginas encontraría respuestas correctas. ¿Por qué el humo a veces sube y a veces baja? ¿Hay oro en el mar? ¿Qué hace que me despierte en las mañanas?

 

Hoy, apenas abro los ojos, cumplo con mis abluciones. Vuelvo a la vida al terminar mi café y encender la computadora. Enseguida me asaltan infinidad de preguntas que a mi entender tampoco son triviales.

¿Por qué se habla de que nuestra forma de gobierno establece Tres Poderes Independientes si dos de ellos se logran mediante votaciones populares y uno es decidido por los otros? ¿Cuántas tajadas de plata-no se repartieron para permitir el caos de construcción que abruma a esta ciudad sin calles ni alcantarillas adecuadas? ¿Por qué permitimos que Eladio y su pandilla se diviertan obstaculizando el libre flujo de los ciudadanos y a otros jubilados el acceso al Seguro Social? ¿Por qué no cierran calles presidenciales? Las preguntas son infinitas. ¿Acaso nuestra ignorancia no es infinita? Es mejor muchas preguntas sin respuestas que quedarse callado con una triste y siempre discutible respuesta en la mano.


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686901
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América