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El lugar donde está la paz

1968 fue una cosa en París, otra en Burdeos y otra en Panamá. En París, una motivación para la creatividad; en Burdeos, un freno a los nuevos aires. En Panamá, hubo “una especie de rencor contra la inteligencia”.


LA autobiografía de la doctora Edilia Camargo es un libro abierto de vivencias, experiencias, aprendizajes, derrotas, aprensiones, hábitos, prácticas escolares, éxitos y sueños: una muestra de filosofía cotidiana.
Leopoldo Sedar Senghor fue uno de los grandes estadistas africanos del siglo XX. Cultísimo y apreciado en África, Europa y otros continentes, Senghor fue presidente de Senegal entre 1960 y 1980. Poeta y ensayista, había nacido en Joal y estudiado la secundaria en Dakar. Era doctor en Lengua Francesa por la Sorbona de París.
37 universidades, entre ellas la Sorbona, Yale y Oxford, le otorgaron el doctorado honoris causa. Senghor usó su plataforma de poder para el activismo cultural. Fue uno de los máximos exponentes del movimiento de la negritud, al que incorporó con gran entusiasmo a la doctora Edilia Camargo Villarreal, autora de la autobiografía novelada "El Capitán Cabuya y su Hija". Autobiografía que ha contado con la asesoría editorial del escritor Justo Arroyo. Senghor le profesó un cariño especial a nuestra compatriota, cariño que se manifiesta en la obra autobiográfica de ella, empezando por la fotografía de portada, correspondencia intercambiada y por los celos que esa amistad causaba en la sede de la UNESCO, en París.
En pleno periodo presidencial, el estadista dedicó a Edilia la obra de la autoría de él "Cartas de invernadero". Con su puño escribió una frase enigmática: "No hay peor cosa que una mujer en invernadero", y agregó, con alegría: "Para que cante al África madre".
Senegal, y particularmente la Isla de Gorée, fue durante tres siglos el más importante mercado de esclavos destinados a Estados Unidos, el Caribe y Brasil. Ese país fue la puerta de entrada para que la profesora Edilia se adentrase en el conocimiento del África profunda. Madagascar, Yemen, Chad, Guinea Ecuatorial, Uganda y el Congo fueron los destinos siguientes, en "ese recorrido de búsqueda" de las raíces.
Bajo la invitación del eminente Leopoldo Senghor, ella interactuó en encuentros escenificados en Dakar con Wole Soyinka, cuando aún no era Premio Nobel de Literatura; el inquieto Manuel Zapata Olivella, del Caribe colombiano, y Miguel Ángel Asturias, ya posesionado en su papel de Premio Nobel de Literatura.
De la lectura del libro "El Capitán Cabuya y su Hija", puede derivarse una evaluación de cada actor. Hay quienes salen mal librados. Otros son héroes. Como el presidente Senghor: "Ha quedado en mi memoria como el poeta esposo de la palabra, santa y hermosa".
Durante su residencia de varias años en Madagascar, cuando trabajaba en un proyecto de la UNESCO, dictó clases a un grupo de jóvenes del tercer año de Sociología de la Universidad de Antananarivo, y desarrolló su pasión por las competencias de atletismo. En Madagascar, cuando te mueres, "duermes en un saco redondo". Te envuelven en tela de lino y te voltean una vez cada cinco o siete años.
El agua lava, limpia y purifica en el Lago Victoria - que tiene en sus contornos a Uganda, Kenia y Tanzania. Uno refresca el pie, al meterlo en el agua, en un acto de máxima espiritualidad para mantener una conexión con el pasado. La profesora Edilia siente en ese lugar sagrado el peso de la historia, de la esclavitud y el desplazamiento forzado y forzoso de su hábitat de millones de seres. Entre ellos muchos de quienes han constituido nuestra nacionalidad.
Después de 20 años de trabajo, por "mutuo consentimiento" -consentimiento bajo protesta de la profesora- se separó de la UNESCO. En esa entidad ocupó un importante puesto intelectual, laboró en la sede en París, y también se desplazó por periodos a Nueva York y a capitales de algunas naciones africanas. Conoció sobre los reacomodos de la política internacional a través de una organización singular que atravesó por fases determinadas. Desde una fuerte posición tercermundista que tuvo su máxima expresión en el NOI (Nuevo Orden Informativo), cuya punta de lanza fue el Informe Mc Bride (Un solo mundo, voces múltiples), dirigido por el político irlandés Sean Mc Bride, quien fue secretario general adjunto de la ONU y merecedor de la rara distinción de ser Premio Nobel de la Paz y Premio Lenín de la Paz.
Fue una época en la que en la UNESCO, entre otros muchos asuntos, se trató sobre la Filosofía y el Tiempo; la Filosofía y la Cultura; la Tolerancia y la Paz; la Identidad Cultural, y se reestudió a Aristóteles, Avicenas, Averroes (en árabe Ibn Khaldun) y el aporte árabe a la Filosofía.
El trabajo en un organismo internacional es de alto nivel. Y las intrigas también. Jorge Illueca estuvo a punto de ser secretario general de Naciones Unidas, sin embargo unas declaraciones suyas sobre las hormonas de Margareth Thatcher, con el telón de fondo de la Guerra de las Malvinas, hace un cuarto de siglo, inclinó la balanza a favor de Javier Pérez de Cuéllar. A Illueca le tocó la presidencia temporal de la Asamblea General.
Las dificultades se multiplican en esas organizaciones, y en épocas de crisis es vergonzosa la posición de determinados países latinoamericanos, opina la autora.
Este "confieso que he vivido" de Edilia Camargo Villarreal es valiente y revelador. Muestra y analiza todo un periodo de la historia contemporánea, con una visión holística, en la que filosofía, historia, cultura, antropología, costumbres y religión se imbrican en la construcción de la locomotora narrativa.
A la estructura narrativa se suma una columna ensayística. ¿Qué puedo conocer yo? O -en panameño rústico- ¿qué é lo qué é? Es el punto de partida de la Fenomenología, ámbito intelectual de su tesis doctoral en la Universidad del puerto de Burdeos -la Burdigala romana-, que fue una reflexión hursseliana de la Lógica.
Empapada en el trajín contable y administrativo, desde muy joven Edilia optó por la Filosofía; de ella se licenció y se doctoró, y ocupó la cátedra dejada en la Universidad de Panamá por el maestro Isaías Garcia Aponte. Y bajo esa disciplina se matriculó en el engranaje internacional. La Filosofía no come gente, pues en la definición de la profesora Edilia Camargo es "el lugar donde está la paz".
No está alejada de la técnica arquitectónica de construcción con materiales adecuados para el clima (según vientos, lluvias, rayos solares) ni del culto irracional al cemento y el derroche de combustible y fórmulas foráneas a nuestra realidad urbanística.
El texto no está exento de religiosidad. Incluso puede leerse en malgache la oración primera. Si comparas las versiones bíblicas y dependiendo de la traducción, la ira de Dios varía. En relación con la francesa, en la española están cargadas las tintas. En lengua española, Dios tiene mayor indignación.
El "confieso que he vivido" de Edilia Villarreal es un libro abierto de vivencias, experiencias, aprendizajes, derrotas, aprensiones, hábitos, prácticas escolares, éxitos y sueños. La expresión del folclor. Del congo. De la representación del Capitán Cabuya. "Mi religiosidad tiene que ver con la búsqueda de la perfección, hasta llevarla a lo escrito, a sabiendas de que no todo se puede escribir", revela.
"No todo se puede escribir", aunque el libro relata muchísimas situaciones, escenarios, comportamientos, preferencias y retrata el perfil de personajes como Laura Tulia, condesa de Montulé, su primera profesora de francés.
1968 fue una cosa en París, otra en Burdeos y otra en Panamá. En París, una motivación para la creatividad; en Burdeos, un freno a los nuevos aires. En Panamá, hubo "una especie de rencor contra la inteligencia".
Observadora aguda de la realidad circundante, la autora relata cómo al mismísimo monseñor Mc Grath le fue endilgado a principios de la década de los setenta en plena París un apelativo del tamaño de un rascacielos mientras pronunciaba en una sala una conferencia sobre la teología de la liberación en América Latina.
Admite la autora del "Capitán Cabuya" que ella está curada de espantos. Y remarca esa actitud personal, que le permite mostrarse sin tabúes y sin secretos, con un proverbio del brujo de Taboga, Rogelio Sinán: "Todos tenemos que visitar el cementerio que llevamos dentro". Con dolores, tristezas y alegrías.
Una de sus abuelas murió de un ataque de risa y un bisabuelo, Pablo, se fue tocando el tambor; un abuelo falleció el lunes, pero desde el sábado ya se había firmado el certificado de defunción.
Hay un abismo entre la manera en que te miran según la región del planeta: en Europa te juzgan por los méritos, y no por la vida personal.
La autobiografía habla de la fuerza de la familia, de prácticas disfuncionales, del horror del maltrato intrafamiliar, con sus hostigamientos y reproches, del arte y ciencia de la educación de los hijos; del peso de ser madre y profesional. Cómo se van formando los valores, las preferencias y los rechazos; los gustos y los disgustos. Cómo se deshace el primer amor, por una mano peluda externa; primer amor, que es recuerdo vívido del tiempo otoñal.
Se analiza ese odioso "apartheid" evidenciado en el discriminatorio muro capitalino: los de afuera y los de adentro; los de intramuros y los de extramuros. Los intra, la clase superior: "La familia paterna de mi madre vivía dentro de los muros de la ciudad. Se consideraban los dueños legítimos de la ciudad". Y practicaban el desprecio "por la gente de color".
Con los libros y con imaginación se va buscando el camino de la vida, se va abriendo la trocha para encontrar las raíces, en beneficio propio y de la humanidad. Al amor intenso y al trabajo intelectual, se le pueden adicionar muchos calendarios, rutas, competencias atléticas, los maratones, no importa si te llaman "loca" o "gorda", pues el correr alivia el dolor y es un catalizador en la búsqueda existencial.


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277837
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América