Contrario a la era Florentino Pérez, donde el proyecto mega estelar del nuevo rey Midas del fútbol, causó furor en el mundo entero, con resultados en principio excelentes, con la llegada de los más grandes y con un equipo que para volver a ver junto habría que empeñar el Arco del Triunfo, el Real Madrid logró ser la revelación mediática del momento.
Zidane, Figo, Raúl, Roberto Carlos, Iker, Beckham, Ronaldo, Owen (funcionó poco), equipazo, más otros de mediano calibre. Qué época la Blanca. Pero bajo las directrices del nuevo presidente, la entidad blanca logró salir, de la mayoría de estas estrellas, que a la postre causaron escasez de títulos, cuestiones de camerinos, donde el ego y la fama arruinan el trato a la pelota.
Ramón Calderón dejó ir el mercado sin fichajes claves, es más, perdiendo a Robinho, y molestando al entrenador Shuster. Es cierto que las arcas están llenas, que no se gastó, que "CR" (Cristiano Ronaldo) nunca llegó, fue un Romeo que Julieta nunca vio (en aquella escena del balcón).
Sí, sin estrellas, sin grandes fichajes, esos que hacen vivir la ilusión. Un Madrid a la Holanda (jugadores trabajadores los holandeses).
Pero al fanático no le interesa saber de arcas, lo que quiere es títulos, y la décima se ve lejos, se siente lejos, salvo que Shuster aplique la vieja táctica del buen juego de conjunto.
Ya no existen egos en el vestuario. Pero sí la necesidad imperiosa de ganar. Los equipos grandes son grandes por eso. Aquí no vale ser segundo, en el deporte hace rato que eso dejó de ser importante.
El mercado de principios de años es leve, las estrallas ya no pueden jugar Champions, y por lo general, las miradas buscan pequeños héroes en Sudámérica, Francia, Holanda y ligas de mediano perfil.
El Madrid se fue en Blanco, es cierto, pero la plantilla sigue siendo fuerte y casi es la misma. Barcelona fichó mejor.
Algo pasa en el Madrid, porque en tres años, el mundo del fútbol no cambia tan drásticamente, o quizás sí... La temporada nos dirá los resultados.