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El malabarista y su fuego amigo

La calle fue el principio, pero llegó un momento en el que las vías públicas no lo satisfacían y supo que era tiempo de trascender.


Ser uno más entre los malabaristas que -de un tiempo para acá- se multiplicaron en los principales cruces de avenida de la ciudad no estaba entre los planes de Edwin Borden. Pero por algún lado debía comenzar.

Motivado por la ilusión de que en Panamá crecieron los músculos de la cultura por el circo, las artes escénicas y el malabarismo, este venezolano de padres panameños comenzó a hacer de las calles su escenario y, mientras se hacía de algún ingreso, fue cultivando el aprecio de la gente que lo contemplaba desde sus “palcos rodantes”, mientras esperaban el cambio de luz.

Aunque sus estudios fueron orientados a la publicidad y el mercadeo, se desempeñó también como “tatuador”, entre otras actividades. “El malabarista del fuego amigo”, como alguien lo definió, dijo que se sintió motivado al notar que en Panamá no había una cultura o afición a este tipo de espectáculos urbanos y de entretenimiento.

 

Llegó el momento en que había que trascender las esquinas y semáforos, por lo cual Edwin Borden - quien tiene 33 años- afianzó sus conocimientos en el extranjero participando en cursos de malabaristas y convenciones de circo en Europa y varios países de Suramérica.

Ahora, abandonó las calles y construyó, junto a su mujer y algunos amigos, una compañía de entretenimiento la cual llaman “La tribu perfomance”.

“La tribu” está compuestas por doce personas entre músicos, acróbatas y malabaristas y ha conquistado otros espacios.

 

Edwin y su compañía ahora participan mediante contratos en festivales, conciertos y espectáculos similares en los que ponen al servicio del público todo lo aprendido. Y aunque todavía falta mucho por hacer, por lo menos esta forma de expresión y entretenimiento ha ganado un espacio importante sin la necesidad de quemar a nadie.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América