(A Plinio Riquelme)
Diciembre se nos queda metido en el cuerpo con sus esencias. Es un tiempo de altares, nacimientos, renunciamientos, “renacimientos” y de madres fundamentales. Es una pausa que cada quien extiende según su propósito elegido para llenar o vaciar la vida. Memorias gastadas, pero que continúan dando gusto; recuerdos inmortales, valientes que se quedan, como perro fiel, aun cuando se les hecha de casa (o del corazón) con desprecio grosero.
El cuarto o la caja de los juguetes permanecen, en el caso de los niños, en su esquina, echados al olvido, ni una mirada para aquellos que fueron motivo de alegría, ahora hechos polvo y telaraña. La vida que sigue, permanece, transcurre, en el caso de los grandes, se deja mirar mientras nos mira con la pupila absorta esperando tu próximo movimiento en el ajedrez de la circunstancia. Somos el lugar común, la sucia rutina.
En diciembre la vida me cambió la vida. Por los mismos días en que la muerte me cambió la muerte. Es un tiempo en que mis emociones se definen tercamente ambiguas pero como hijo de vecino corresponde renovarse, pensar el horizonte, el cielo y deshojar nuevas margaritas.
En diciembre cada uno busque su santo y su milagro y sepa qué esperar, pues bien se sabe, que no se cuenta con ambos al mismo tiempo. No ahorre en lágrimas ni en suspiros. Dele permiso al corazón para que encuentre su otra mitad. Suéltele la rienda, como quien dice: si su media naranja no le funcionó, consígase un medio limón, su media guayaba, pero no se vaya a quedar sin fruta.
En diciembre tendrás de más y de menos, echarás en falta a los amigos que se perdieron, vidas importantes, que hacían que importaran nuestras vidas. El homenaje a sus memorias sería, hasta donde haga falta, sea necesario, según sea la “competencia”, tomar su lugar.
Ha sido un año apabullante, por decir lo menos, en muchas materias. Ojalá los responsables de la inopia de este extraordinario país defenestren la indiferencia y permitan el vuelo alto a la sensatez, la inteligencia por esperar lo más. Aprovechando que los chinos decretaron 2012 su año del Dragón que promete riqueza y sabiduría.
Diciembre viene a ser el vaso medio vacío, medio lleno. Todo comienza en diciembre. No en vano celebramos el cumpleaños de un muchachito que nació en un pesebre en Belén.
Equivóquese, que el mañana comienza el lunes.