En la entrega anterior escribimos que en nuestra cabeza hay una especie de diccionario que nos permite interpretar lo que captan nuestros cinco sentidos físicos. Y escribíamos que este diccionario está integrado por nuestras presunciones y valores, ambos consecuencias de nuestro modo de crianza, nuestras experiencias, etcétera. Repito el ejemplo que utilicé en esos otros párrafos:
Nuestros ojos ven a alguien canoso, encorvado y de lento andar, un viejo, y nuestro diccionario lo hace corresponder con el calificativo de débil o sabio. En realidad, aún no sabemos si esa persona es débil o es sabia, pero nuestras experiencias anteriores, insertas en nuestro diccionario, nos llevan a percibirla de esa manera.
Y decíamos que la literatura es, también, un constructor de estas definiciones. Examinemos esto.
Muchas veces he realizado una dinámica con mis alumnos. La dinámica consiste en que se enfrenten a una situación hipotética: cada grupo de ellos ha sido víctima de un accidente de avión en una isla desierta. A partir de este suceso, deben concebir una forma de conseguir alimento, agua y refugio. Te sorprendería, lector, lo mucho que se apoyan en las historias, las historias de la tele, el cine y los libros, para contestar.
¿Qué personajes retrata Jack Kerouac, por ejemplo? ¿Son iguales a los que retrata Bret Easton Ellis? Sobra decir que a ambos autores los separan, por lo menos, cincuenta años de historia estadunidense, y esto los hace espejos de culturas distintas. Atá de Joaquín Beleño, ¿retrata al panameño actual? No: es la imagen de una época distinta y de valores contextualizados. El escapista muestra un desarraigo muy propio de nuestros tiempos, de una ciudad mecanizada y, en veces, humanamente ciega. Todos estos son valores y presunciones encaramados en figuras literarias, son el reflejo de la visión de mundo de un autor y se convierten en influencia para lectores.
¿Pero quiénes son los héroes y quiénes los villanos? Esto es especialmente importante porque los héroes imponen modas. ¿Quién no se disfraza en el momento preciso de Harry Potter? ¿Y quién no comenzó a ver plastiquillos en la calle, después de Rubén Blades, que también es un creador de personajes?
Con estas últimas referencias, quiero decir que la literatura, como nuestra crianza y cruciales experiencias – o bien porque es reflejo de los tiempos de nuestra crianza y cruciales experiencias -, modela el diccionario que llevamos en nuestra mente y nos hace ver la realidad de un modo u otro. Pero para usar este conocimiento a nuestro favor, debemos tomar consciencia de ciertos elementos puntuales. La siguiente semana, los enumeraré.