A la sombra de las moles de concreto que se yerguen casi sin control por toda la ciudad y a contravía de los conflictos y reclamaciones que ocupan la primera línea en los medios, hay un Panamá en el que a cada rato sucede algo distinto.
Desde hace algunos años nuestro país cuenta con una inmensa oferta cultural y de entretenimiento cuya ebullición va en aumento gracias al esfuerzo de entidades públicas y del sector privado, así como de personas naturales comprometidas en ofrecer a los panameños propuestas de otro tenor.
Evidencia de ello lo es el V Festival Internacional de Artes Escénicas (FAE-2012) que se viene dando desde el jueves pasado con la participación de grupos de danza y teatro representativos de una decena de países. Además, dentro de dos días se inaugurará el X Encuentro Internacional de Escritoras el cual también tendrá una considerable participación internacional. A lo anterior podemos agregar que durante la semana que hoy acaba, nuestro país celebró de manera profusa el Día Mundial de la Poesía, aunque el hecho pasó inadvertido porque todavía perviven los obstinados que no terminan de comprender que poner a la comunidad en contacto con este tipo actividades es un salto colosal para moverlos del estadio de la violencia a la cultura de la paz.
Sin temor a equivocarnos, si la mayoría de los panameños fueran expuestos a contenidos y actividades más edificantes, seguramente las reacciones violentas y el calibre de las discusiones, propias de las relaciones sociales, tendría otro tono.
Es necesario que la ciudadanía comprenda que más allá de la calamidad que representan los cierres de calles, las paradas abarrotadas, el combustible caro, el alto costo de la vida, los políticos traidores y demagogos, la inseguridad ciudadana y el abuso de los colegios privados contra los padres de familia, no todo está perdido y existen vías de escape que sirven como remanso en medio de la tempestad. No todo está perdido.