“La depresión es la ausencia de proyectos” José Antonio Marina
Inútilmente las truculencias de la distancia y del tiempo pretenden separarme de mi ensayista favorito. Los libros de Montaigne son invencibles. El gran pensador, que llenó con fluidez y elegancia varios tomos con lo que el mundo consideró los primeros ensayos, permanece aquí, a mi lado, alimentando mi cerebro. Por la admiración que despertaron en mí la lectura de sus ensayos, fue que sentí la urgencia de intentar los míos. No puedo evitar repetir que estoy en deuda con él y si algo bueno sale de mis ensayos, será lo que escriba con la gota derramada de su tintero.
Tengo varias herramientas a mi servicio cuando me siento a escribir: el verde rumor de la naturaleza que me rodea, la brisa fresca del lento amanecer cumbreño y el gato que me inspira con su caminar filosófico. Pero, sobre todo, el sentimiento de íntimo placer que me da el pensar.
Poco a poco ordeno el confuso tráfico de mis ideas. Héme cómodamente sentado frente a la computadora –tremenda ventaja que gozamos los aficionados de hoy sobre los pensadores de antaño que tenían que sacar punta a las plumas de ganso y mojarlas en tazones traicioneros para escribir sobre páginas rústicas–. Las palabras acuden en tropel para comenzar la tarea de vestir a la porfiada idea que se quiere convertir en ensayo.
El ensayo es como un instrumento para lanzar cosas, más que todo experiencias, sentires, percepciones, teorías; también rumores, tesis, boconadas; hasta bochinches con ínfulas de experimentos; todas ellas muy personales, nunca generales. Polen de papel que quiere ir de un cerebro a otro.
Cuando ensayo trabajo con pedacitos de verdades, seguramente con equivocaciones, nunca con mentiras. Un momento, ¿qué dije?, ¿sin mentiras? El inoxidable Montaigne me pone una trampa: «Si digo miento, y miento, digo la verdad». ¿Broma de Michel? No me importa. ¿Quién no ha saboreado o sufrido una mentira? Además, acepto de buena gana el proverbio chino: “la mentira no produce frutos, pero sí flores”.
¿Será el ensayo un género filosófico? Creo que sí, muy a su pesar. El ensayo quiere dar forma de pensamientos a la experiencia humana. ¿Habrá algo más filosófico? ¿Que nos salimos de este mundo? La filosofía siempre lo ha hecho, y el ensayo sigue corriendo donde se detiene la filosofía.