Aquellas dos damas observan con el corazón en la garganta las manecillas inquietas de un reloj...
Es el minuto del siglo para ellas. Es el tic tac que conforta su espera. Los minutos pasan y está por llegar una cita a la eternidad de los recuerdos.
El auto, color oro, y vidrios cual noche sin luna, llega, dentro está el personaje del encuentro familiar que en breve se daría.
Miguel Batista, el Grandes Ligas, pausado y sereno, no estaba tan seguro de lo que iba a pasar.
Guillermina y Yesika Batista lo esperan. Le enseñan unas fotos del pasado, le dan las prueba irrefutables de una verdad: son hermanos.
Sí, el padre de Miguel viajó a Panamá hace más de 30 años y tuvo tres hijos, que son hermanos del "Big Leaguer", y que ayer por fin se conocieron.
Fue una casualidad de la vida, pues "El Poeta", llegó a nuestro país a dictar clínicas de béisbol y presentar su libro, pero ahora gracias al destino, conoció a dos hermanas de padre y supo de un tercero, que lleva su mismo nombre, pero que no pudo llegar ayer.
"Estamos felices, en realidad solo queremos conocerlo y eso ya para nosotras es una alegría. Estamos tan orgullosos de él. Por lo que sé es un hombre muy culto", manifestó Guillermina, quien se hizo acompañar de sus dos hijas.
"Cuando lo vemos en la televisión nos poníamos contentas. Pero no estábamos segura si era nuestro hermano, teníamos las sospechas por todas las casualidades, pero queríamos conversar con él", acotó.
El encuentro fue dulce, fue poético, fue la mezcla perfecta de una añoranza, cual estilo de Federico García Lorca en su "Verde que te quiero Verde".
Al final, los hermanos se conocieron, se tomaron una foto personal, intercambiaron esa alegría que sólo puede dar la sangre.
Miguel, todo un caballero dentro y fuera del diamante, atendió a sus hermanas de mil maravillas, mientras ojeaba las fotos del pasado que certificaban el origen común.
"Sí este es mi padre. Mira esta foto, es igualito a mi otro hermano", comentaba Miguel admirado, con una sonrisa a flor de labios.
Ya el "Big Leaguer" no está en suelo patrio, ayer viajó. Sus hermanas son felices, porque gracias al béisbol su "hermanito" compartió con ellas.
Y todo inició por casualidades de la vida. Ellas leyeron los diarios y contactaron a EPASA, que sirvió de puente para llegar a Miguel Batista, quien tomó la noticia con alegría y concretó la cita en medio de su clínica deportiva de ayer.
Es la historia de un amor familiar, de melancolía, de años de espera.
"Yo la había conocido de niña, hace muchos años, ni lo recuerdo, pero fue algo lindo", destacó Miguel Batista, mientras sus ojos se perdían en el recuerdo de los años y el pasado.
Tal vez este vivir inspire al "Poeta" a escribir otra novela, pues él es un pelotero literato.
Y esa nueva historia debe iniciar así: en algún lugar de Panamá, de cuyo nombre si quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivían tres hermanos, que tuvieron un hermano pelotero, de lanzamientos de acero y corazón de poeta...