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“El populismo es la peste de la política”


Como conocedor del oficio, Mario Vargas Llosa mantiene el corazón y los brazos abiertos al periodismo. Él sabe que mediante el alcance de los medios, puede provocar transformaciones culturales y políticas y es por ello que se detiene cada vez que puede para atender preguntas y responder con elocuencia.

Así lo hizo durante los casi tres días que estuvo en Panamá como invitado del XIV Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

 

Aunque el ganador del premio Nobel de Literatura 2010 revela que “este año ha sido para mí muy agitado por muchos compromisos” no tiene reparo en detenerse para responder, con lujo de detalles, cuando algún periodista lo aborda con la finalidad de pescar una respuesta suya sobre temas que le son familiares al autor de “El sueño del Celta”, como la política, la democracia y, por su puesto, la literatura.

Día D lo encaró en la antesala de la ceremonia, en la que recibió el grado Honoris Causa en la Universidad Latina y lo interrogó sobre un tema actual.

En esta era digital, ¿qué futuro le ve a los libros impresos?

 

Deberíamos evitar que fuera una guerra. Debería haber un armisticio entre las pantallas y los libros. Yo creo que ambos pueden, perfectamente, coexistir y va a depender de la educación, y la educación enseña desde niño a los alumnos, a los ciudadanos, que los libros son importantes, tan importantes o más que las mismas pantallas, entonces la cultura venidera puede, perfectamente, ser una cultura de pantallas y de libros. Yo creo que si desaparecieran los libros devorados por las pantallas, habría un gran empobrecimiento de la vida, seguramente no la información, pero sí de la cultura en general. Va a depender enteramente de nosotros. La historia no está escrita, la historia la hacemos a través de decisiones, conductas, y yo creo que es muy importante tener esa idea de que esa guerra debe convertirse en una especie de armisticio y mutua colaboración.

El escritor peruano-español se mantiene en pie, con la leve sonrisa mientras los fotógrafos intentan registrar esos instantes que, seguramente, no se repetirán. Y no es porque don Mario no vuelva más, al contrario, él mismo dice que “aquí he vivido algunas aventuras inolvidables”. Lo que no se repetirá es la coyuntura de que pueda hablar directo a la conciencia de los panameños en un momento como este y sobre un tema tan vigente como la libertad de expresión.

Como figura del periodismo, ¿cómo ve el estado de la libertad de expresión?

 

La libertad de expresión es una institución fundamental porque es una libertad de la cual, en cierta forma, dependen las otras libertades. Para ver cuál es el estado de la libertad en una sociedad hay que averiguar si existe una libertad de expresión, si está limitada, si se encuentra limitada, porque de ella depende el funcionamiento de las instituciones. Si no existe libertad de expresión en una sociedad, quiere decir que no existe crítica, y si no hay crítica, significa que hay una corrupción profunda, no solo política, sino también cultural.

Decidimos apuntar un poco más a vena su política y allí cayó esta pregunta.

¿Es viable en el siglo XXI utilizar el populismo como política?

 

El populismo se nutre de un hipotético futuro y creo que el populismo es la peste de la vida política y debemos rechazarlo, evitarlo y no debemos dejarnos seducir por esos cantos de sirena. Creo que nuestra historia, además, da un elocuente ejemplo de los desastres que puede acarrear el populismo desde el punto de vista, no solo político, sino también cultural.

El tiempo sigue su avance, el auditorio donde se daría una más de las múltiples distinciones que recibió esta semana, estaba casi repleto. Don Mario sabe que se aproxima el momento para avanzar, sin embargo se toma un “tiempo extra” para firmar libros y retratarse con la gente que lo venera.

Hubo espacio para otra pregunta:

¿Está escribiendo algo nuevo?

Siempre estoy escribiendo algo. Tengo un proyecto de novela en marcha, este año ha sido para mí muy agitado por muchos compromisos, de tal manera que no he podido trabajar a mi ritmo acostumbrado, pero sí ando trabajando siempre y espero en un futuro inmediato publicar un nuevo libro.

Así, el ex aspirante a la presidencia que alguna vez llegó a decir que “a veces odio el Perú, pero sé que aunque lo odie, lo necesito”, se aproximó a la sala para cumplir otra etapa de su travesía por esta tierra que no visitaba desde hace tres años.

Se manifestó sorprendido gratamente por lo que pudo ver.

“Han sido días muy intensos, especialmente con la reunión de las academias de la lengua y he aprovechado los pocos momentos libres que tuve para apreciar la ciudad, que veo que sigue creciendo a un ritmo impresionante, hacía tres años que no venía y la transformación de la ciudad es muy notable. Me ha dado mucho gusto ver la rehabilitación del Casco Antiguo, cómo se están recuperando las viejas construcciones del Casco Antiguo y el boulevard , que le proporcionan un gran encanto a ese barrio que estaba un poco olvidado, pero afortunadamente, no destruido. O sea que esta rehabilitación va a enriquecer mucho a la ciudad de Panamá”, sostuvo.

Dicho esto y después de recibir la investidura, don Mario, quien escuchó atentamente la laudatio pronunciado en su honor por el doctor Jorge Eduardo Ritter, se alistó para dirigirse a la concurrencia.

Ponencia.
Camina erguido y señorial, luciendo la toga habitual,

y de inmediato, comienza a hacer gala de lo que mejor sabe: la palabra.

Explica que recibe la distinción con “toda la modestia del caso y también como un mandato. Creo que también los homenajes implican una responsabilidad de tipo académico e intelectual”, acota.

Advierte a profesores, estudiantes y a la sociedad en general, que “la universidad es un territorio privilegiado también, no solo para la preservación y desarrollo del conocimiento, sino también para estimular la creatividad. Añadió que artistas y eruditos no son enemigos irreconciliables y vaticinó que pueden, incluso, “coincidir en las mismas personas y en todo caso, su colaboración es absolutamente indispensable para el cimiento de la cultura, es decir, de la civilización.

Según Mario Vargas Llosa, vivimos tiempos difíciles, y los retos a los que tenemos que enfrentar en una época, en la que se van expulsando las fronteras y el mundo se va integrando, quedan oportunidades magníficas tanto para el desarrollo de las sociedades como para el progreso individual y al mismo tiempo, nos enfrenta a situaciones desconocidas en el pasado y a peligros que debemos saber conjurar.

Sobre esto último agrega: “Nos ha tocado vivir una época extraordinaria en la que hemos visto surgir los enemigos más poderosos de la historia contra la libertad y contra la democracia y los hemos visto también desmoronarse, no por obra de enemigos externos, sino por su propia incapacidad para satisfacer los anhelos depositados en ellos y por su incompetencia para escuchar las lecciones de la historia. Sin embargo, este desmoronamiento de los grandes imperios totalitarios, el fascismo y el comunismo, no han significado que la democracia reine en el mundo y que haya seguido ganando espacios para la libertad. La democracia está allí, se ha impuesto sobre sus adversarios más peligrosos, pero está también amenazada desde adentro por peligros que si no son conjurados a tiempo, podrían también destruirla”.

El escritor peruano, que se despidió temporalmente del suelo panameño antes del mediodía del miércoles, recordó que uno de los enemigos del desarrollo es la corrupción, que amenaza por igual a las antiguas y a las nuevas democracias, a las que tienen las raíces curtidas a lo largo de siglos y las que están todavía viviendo su infancia.

“Es un peligro contra el que debemos movilizarnos si queremos que la democracia tenga mejores frutos”, termina.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América