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El Premio Miró


El concurso Ricardo Miró es nuestro premio literario por excelencia. La presea involucra prestigio, a partir del hecho de saber que se concursó con un número significativo de obras (más de sesenta si trata de la sección Poesía); significa además una exposición del autor, porque los entendidos, y los medios de comunicación, querrán conocer más de su carrera, de sus ejecutorias, del modo de elaborar el libro; al igual, quienes vienen subiendo desearán compartir esos llamados “secretos”, y más adelante, al aparecer el texto, los lectores y la crítica reevaluarán, uniéndose o no a los criterios del jurado.

Habrá quienes aludan al monto del Premio. Yo he estado en ambos lados de la barrera y creo que, si bien esto es importante, no explica las significaciones del concurso. Se trata de un certamen con 68 años de vigencia, y sólo después de la gestión de Rafael Ruiloba al frente del INAC es que el premio alcanza los B/ 15,000, en 2002. Antes de eso el adjunto en efectivo era irrisorio, ridículo, y la publicación del libro, no muy puntual, era lo más apetecido.

Por supuesto, con el aumento, suben las exigencias, entre ellas el hecho de que sean dos jurados internacionales y uno nacional los que decidan al ganador, igual los requisitos, que son bien difundidos con anterioridad. Claro, existen controversias; siempre las habrá en este tipo de eventos en que todo depende del juicio de tres personas, por más idóneas que sean; pero de algo estoy seguro: el INAC procura, hasta donde sea posible, que todo salga bien, y el premio se obtiene en buena y noble lid.

 

De allí que sólo tenga felicitaciones para los ganadores. Basilio Dobras, en novela, ya tiene trabajos publicados y reconocimientos literarios, entre ellos el Premio Sinán-UTP 2009; Patricia Pizzurno, de quien hemos leído notables aportes a la historia de Panamá; Moisés Pascual, reconocidísimo por su trayectoria, en la que incluye otro premio Miró (2003).

De modo particular, quiero felicitar a los dos escritores que entraron a la historia del premio Miró, justo con su primer libro: Germán Velásquez y José Durango; a ambos los conocí cuando me hicieron llegar, hace poco más de un año, los borradores de sus pininos literarios.

Germán es cirujano maxilofacial; el profesor Ricardo Ríos me lo mandó con una recomendación escueta: “es un diamante en bruto”. Luego de leer sus cuentos, “Cita a ciegas” entre ellos, le remití al autor un mensaje de encomio: “Sus cuentos son ingeniosos, contienen una chispa difícil de lograr (ese es el brillo del diamante del que se le habló); en realidad, solo falta pulirlos”. Así iniciamos una amistad de trabajo que se iluminó el lunes con la gran noticia del premio nacional.

 

Similar es el caso de José, contador, estudiante de Literatura en México, un muchacho sensible y emprendedor, en quien vi de inmediato la ebullición espiritual necesaria que distingue al auténtico artista. La nota, de abril de 2009, con la que evalué su borrador, dice en parte: “Reconozco que alienta en ti la mano de un buen narrador y que estás preocupado por los asuntos sociales que a todos, como humanos, nos conciernen, lo que me lleva a felicitarte”. Entre esos cuentos estaba una peculiar narración sobre dos ratones: Choclo y Calabazo, que se defendían de quienes los acusaban de que su excremento (“ñinga”) propagaba el hantavirus en Azuero, haciendo que los cargos recayeran en sus inquisidores; de ahí salió su primer Miró.

En mi declaración de bienes todas estas son alegrías que debo consignar.

Que la palabra te acompañe.


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617169
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América