El Salvador, donde el saldo del terremoto del sábado parecía estabilizarse ayer en 683 muertos y unos 2,000 desaparecidos, emprende con rapidez la reconstrucción de lo derruido por el sismo mientras el volcán Ilamatepec, al oeste del país, intensificó su actividad en las últimas horas.
Situado en la provincia de Santa Ana, el Ilamatepec es el mayor volcán de un país que cuenta con seis en su cordillera central. El vulcanólogo estadounidense James Vallance advirtió del aumento de su actividad: "Aparecieron piedras incandescentes en el fondo del cráter, que exhala humaredas más espesas desde el miércoles".
"Sin embargo, la actividad del volcán, cuya última erupción se remonta a 1904, no tiene ningún vínculo con el temblor de tierra que golpeó al país el sábado o con las sacudidas sísmicas registradas después", explicó Vallance, para quien el Ilamatepec no representa -de momento- ningún riesgo para la población.
Mientras decenas de comunidades esperaban hoy, cinco días después del sismo, la llegada de víveres, medicamentos y ropa, el Gobierno salvadoreño trataba de lanzar ya la campaña de reconstrucción en un país donde decenas de miles de personas han perdido sus casas.
"Más de 75,000 casas fueron destruidas, hay comunas totalmente arrasadas, la red de carreteras está muy dañada y deben desbloquearse fondos rápidamente para emprender la reconstrucción del país", declaró el ministro de Obras Públicas, José Angel Quiros.
La carretera interamericana, la principal del país y que va de Panamá a México, permanece cortada a lo largo de cientos de metros por el derrumbe de una colina."Aún serán necesarios varios días antes de abrir esta ruta", admitió el presidente Francisco Flores.
En tanto, la ministra de educación, Evelin Jacir, reveló que la catástrofe natural también propinó un duro golpe a la educación, al destruir 1,119 de las 5,878 escuelas existentes en el país, con lo cual postergó el inicio del año lectivo en 13 de los 14 departamentos del país.
Aunque los balances oficiales dan cuenta de 75,000 casas destruidas, la prensa salvadoreña eleva esa cantidad a 100,000 y sitúa en 400,000 el número de personas que han perdido sus hogares.
"¿La población aceptará vivir mucho tiempo en campamentos donde las condiciones sanitarias son muy precarias?", se preguntaba el alcalde de la localidad de San Augustín, cuyos 6,200 habitantes se han quedado sin nada.
El último movimiento telúrico de ayer fue de 3,5 grados Richter, se produjo a las 12H08 locales (18H08 GMT) y tuvo su epicentro cerca de la desembocadura del río Jiboa, unos 80 km al sureste de San Salvador en el central departamento de la Paz.