El jazz ha sido llamado "El sonido de la sorpresa" y definido por un músico con 30 años en este género como sinónimo de "improvisación, de fusión; es ecléctico, porque no es privativo de una sola raza o género". No separa, une a la gente, agrego yo.
Y fue eso, precisamente, crisol de razas y unidad lo que observé la semana pasada.
El martes 16 asistí a la jornada de clínicas musicales que se realizaron en el marco del "Panama Jazz Festival 2009". Acompañé a mi sobrino, Arturo, menor de edad, quien inicia sus pininos en la música tocando el saxofón soprano, hizo un gran esfuerzo por asistir, pues viajó de Penonomé para poder participar en este festival cultural y educativo.
Decía que fui en misión de acompañante, y debo reconocerlo, a pesar de ir con un total desconocimiento en esta materia, me quedé sorprendida por lo grato y entretenido que fue pasar unas seis horas escuchando a los mejores en este género musical.
Los profesores Jim Odgren (saxofón) y Jim Kelly (guitarra) desarrollaron una clase magistral de lo más entretenida. Su sencillez y jovialidad hicieron que todos, incluyendo a quienes, como yo, no teníamos ningún conocimiento básico sobre los términos empleados en el jazz, captáramos sus enseñanzas. Ellos explicaban sobre armonía y entrenamiento del oído, e interpretaban lo expuesto momentos antes con su saxofón y su guitarra, respectivamente. Lo que reafirma eso de que "la música es el idioma universal".
Por otro lado, observé con emoción a los grupos de jóvenes interesados en conocer y aprender más sobre este género. Estaban allí, algunos con más conocimientos que otros; de diferentes edades; pero ahí, haciendo valer su tiempo y, especialmente, disfrutando al hacer lo que les gusta: música.
Al Cuarteto de Berklee College of Music, dirigido por el joven músico panameño Jahaziel Arrocha, las gracias por compartir sus consejos y conocimientos con toda esa juventud a través de los ensayos con los que ayudaron a más de un inexperto a vencer sus miedos, incluso los escénicos, pues tocar frente a otros es algo que hace "sudar las manos de los nervios", dice mi sobrino. Esta experiencia es algo que él siempre recordará vaya donde vaya, siga o no en el camino de la música.
A los saxofonistas y docentes Marco Pignataro y Carlos Garnett también el agradecimiento por compartir su talento, por hacer docencia en este hermoso lenguaje. Y un aplauso a la Fundación Danilo Pérez por seguir haciendo realidad los sueños de la juventud panameña.