Alexandre Guimaraes tiene la hoja de vida del mundo. Ha tocado techo tantas veces, como jugador y como técnico. Qué lindo es vivir del pasado.
Pero hoy día, Guimaraes vive en la realidad de Panamá.
Y aquí siento a "Guima" frío y parco. Eso no me interesa, porque cada uno ocupa la distancia que desea, pero el lector necesita saber de su selección.
Yo no quiero hablar con Guimaraes sobre cine, arte, cultura o caricaturas.
Contactar a Guimaraes es un misterio. Es un mago Mandrake: desaparece, pero no saca conejos del sombrero.
Conseguir su teléfono es imposible. Igual con su correo, de la federación no me lo pudieron dar, porque me explicaron era algo privado.
Cómo va a ser "privado", un técnico que cobra más de 10 mil dólares mensuales del dinero que los patrocinadores aportan a la selección.
Corto se queda el espacio. Guimaraes no ha progresado el fútbol de la selección. No sabemos hoy a qué juega. Y, lo más preocupante, lo sentimos muy débil a la hora de exigir sus partidos de preparación.
Ayer realicé una encuesta entre 26 comunicadores que podrá apreciar a un costado en un gráfico.
Catorce dijeron que se quedara. Algunos de ellos lo pedían no por bueno, sino porque no hay tiempo para buscar otro.
Mi opinión es: lo que no funciona se bota. La era Guimaraes tiene aroma a fracaso. Lo lleva marcado en la frente y esto me da dolor.