Hacia el 2011 hay que tomar decisiones trascendentales en las escuelas, en las que hay que salirse de la rutina y los rígidos contenidos curriculares.
Es prioritario llegarles más a los niños y jóvenes en asuntos cruciales como la educación sexual, la violencia contra la mujer y todo tipo de violencia, la protección del ambiente, ética y valores, así como urbanidad y buenas costumbres.
Del primer tema, ellos y ellas saben más de lo que imaginamos, y cada vez a una edad más temprana, así que no nos hagamos los mojigatos. Lo lamentable es que lo conversan con quienes generalmente les dan información sesgada, incompleta e incluso equivocada.
Quien les hable sobre el tema con buenas y sanas intenciones no debe presentarse como un ser de otro planeta, sino como un ser humano común que ha pasado por algunas etapas de desarrollo, ha cometido errores, los ha enmendado y habla sobre sus vivencias. Sólo así se les llega más a los jóvenes, que aunque creen que lo saben todo, están ávidos de información veraz.
Es triste ver la cantidad de niñas con una responsabilidad tan inmensa como el ser madre, y tantos varones que desconozcan su responsabilidad, porque en los hogares se inculcan y patrocinan conductas machistas.
Pareciera que en nuestros barrios pobres, la mayoría de las niñas solo sirven para llenarse de hijos que no pueden mantener o que tienen que mantener solas. Y los varones, para andar regando hijos por doquier.
Y no es que se excluya a la gente más pudiente. La diferencia abismal la marca el acceso a los anticonceptivos y a otros métodos.
Cada ser humano tiene derecho a vivir las etapas más lindas de su vida con tranquilidad y con las cargas que pueda llevar, no con sobrecarga que podemos evitar con más consejos, conversaciones sinceras y francas.
Cada educador debe convertirse en un consejero, aunque el sistema no le asigne grupos; la escuela debe organizar más sesiones de motivación y orientación, con actividades atractivas y didácticas para que estos mensajes les lleguen en forma más cálida y franca, como ellos desean.
Nuestros muchachos necesitan mucha comprensión, amor y orientación. Todos nos debemos involucrar en esta tarea.
Ojalá que los docentes, los directores y el Ministerio de Educación tomen conciencia de la creciente importancia que tiene la escuela como faro que guía el sendero, sobre todo porque los padres se distancian más de sus hijos y les dedican menos tiempo. Muchos no tienen tiempo para darles un beso, un abrazo o una frase de aliento.