Los Juegos Panamericanos de Guadalajara fueron un termómetro preciso para saber qué tan mal estamos a nivel deportivo.
Una medalla de bronce bastante sudada por la atleta Eileen Grench fue lo que nos puso en el medallero y en órbita de los gigantes de América.
Sin menospreciar la medalla de la atleta, este bronce nos desnuda, nos deja frente a una crisis que tiene sus raíces en el deporte colegial, que está siendo ignorado poco a poco por los gobiernos de turno.
El deporte estudiantil está pasando por su peor momento en la historia. Las escuelas primarias no trabajan en esos chicos, no forman a los atletas que nos representarán en el futuro en diversas competencias internacionales.
Por lo que se percibe es más fácil para los directivos de la educación y los profesores de Educación Física lanzar un balón y sentarse a ver hasta que pase la hora. Mi conversación con el profesor Ricardo Concepción me dejó más claro aún de la mala situación de nuestras escuelas, que no cuentan con las infraestructuras para desarrollar a los atletas del futuro.
Sin embargo, creo que estamos a tiempo de salvar a estos niños que viven por jugar, que sueñan con ser un medallista olímpico como Irving Saladino, que es un atleta de proceso de colegio. Recuerdo al atleta en los nacionales estudiantiles de atletismo, ese trabajo dio fruto.
Me pregunto ¿qué sentirá ese profesor que descubrió ese talento en Saladino? ¿Qué sentirá ahora que lo vio ganar una medalla olímpica?
Eso debe inspirar a los profesores de Educación Física que solo piensan en lanzar la pelotita y sentarse a mirar el techo. Deben tener presente que ellos también trabajan por el país.