Dar, compartir, de lo que uno tiene atenta generalmente contra el egoísmo y el miedo de perder lo poco que se tiene. El miedo nos vuelve mentirosos, pérfidos, ingratos, ladrones, débiles, cobardes, envidiosos, avaros.
Recuerdo: Una madre, dos hijos, un compadre que va en su apoyo. Ella tiene algunos víveres en la despensa pero frente a la carencia, son tiempos difíciles, decide negarle tajantemente el apoyo. El marido llega a casa, la mujer desconsolada cuenta el episodio. El marido, por fe como dicen en la iglesia, le pide que prepare un paquete con la mitad de lo que tiene. Con algo de zozobra atiende al compañero que parte a llevar el paquete a casa del compadre. Que es feliz por seis. Unos días más tarde, mismos tiempos difíciles, el compadre aparece en casa de la comadre con un balde rebosante de víveres y dinero en efectivo. La mujer no deja de llorar avergonzada.
Otra madre, como una loba, todo lo que consigue es para sus cachorros, hermoso gesto en la animalidad…acumula de sus hermanos lobos. Aun cuando tiene satisfecha sus necesidades sigue exigiendo, a veces con mentirosas argucias. Un día llega un hermano lobo caído, herido, hambriento y la hermana loba fue incapaz de regurgitar lo mínimo para salvarle. El lobo, otrora proveedor murió no de hambre, no de muerte, de tristeza.
Un elector, en su fila de miserables, rezando porque no se terminen las bolsas de comida que se distribuyen en la plaza, por esas malas mañas de los políticos que a falta de propuestas atienden a las necesidades básicas, instintivas de la población. El sabe que tendrá que tolerar la ausencia de su candidato por todo el periodo, pero no sabe que el hambre pasa pero la vergüenza no y, sin convicción cumplirá con el compromiso de pagar con su fragmento de su alma, es decir su voto, los bloques y el cemento y la arena en la que sepultara su miseria. Y ¡porque no!
Un herido de bala desangrándose en la calle. Nadie ha visto nada, todos miran su whatsap. Un buen Samaritano, levanta al herido, lo anima, mientras hace esfuerzo por soportar el peso muerto… Es atendido en urgencias. Sobrevive. El Samaritano declara en la sala de guardia. Una noche de esas, el sobreviviente hiere y roba al Samaritano. Lo último que recuerdo: yo no te conozco, fren.
Lo que hagas por otro no te será pagado. Por eso haga el bien y mira para otra parte.