Egbert Lewis/egbert.lewis@epasa.com
Está bien que creamos en los milagros o que tengamos expectativas altas, pero nunca debemos olvidar que el mundo no se hizo en un día. Los procesos con resultados óptimos tienen un comienzo relativamente lento y se van acelerando conforme se presenten las condiciones que permitan su desarrollo.
Por mucho tiempo, la inmensa mayoría de la sociedad panameña se quedó rezagada en cuanto al acceso a contenidos, actividades, presentaciones y exhibiciones de las diferentes expresiones del quehacer artístico y cultural.
Hoy el país está volviendo a sacar provecho de su virtuosa posición geográfica y de las condiciones socioeconómicas con las que cuenta para convertirse no solo en el eje comercial, económico y financiero que es por naturaleza, sino que también el mundo nos ha comenzado a estimar como punto de encuentro para festivales de música, cine y demás artes escénicas, lo cual es un importante avance.
Se trata de un “negocio” de doble vía en el que ganar-ganar se consolida. Ganan los visitantes que sacan provecho de todas las bondades logísticas y de las facilidades con las que cuenta el país y también ganan los nacionales, de todos los estratos sociales, porque se les presenta a la mano las posibilidades de tener acceso a contenidos diferentes y que van más allá de los bailes populares y conciertos musicales a los cuales confinó la oferta de entretenimiento del país.
Paulatinamente, el panameño está comenzando a entender e interesarse en cuestiones más exquisitas, las cuales contribuirán a su sensibilización y a mejorar su capacidad para enfrentar los retos de la vida cotidiana. Esto es así porque las artes de por sí nos preparan para, además de ser creativos, tener el valor de asumir retos y ser más valientes.
Estamos apenas en la primera fase que consiste en exponer a los sentidos las muestras de arte y de los artistas en sus diferentes géneros. Después vendrá el proceso de sensibilizar a la gente para que se interese en su práctica y finalmente, llegaron al estadio ideal, que es el que nos permitirá como sociedad poner todo esto al servicio de la superación individual y colectiva.
Cuando alcancemos este estatus, entonces será cuando comencemos a ver aflorar realmente esa “creatividad” del panameño, de la cual tanto nos ufanamos.