Asoma un nuevo clásico del fútbol español, el partido que paraliza el mundo y que ahora decide campeonatos, por la diferencia abismal con el resto, en un Camp Nou que acoge el enfrentamiento entre dos estilos distintos con un mismo fin. Dos caminos de alcanzar el triunfo. De saborear la gloria.
El virtuosismo azulgrana contra la eficacia blanca. El reflejo en el campo de Pep Guardiola ante José Mourinho. Dos ganadores natos.
Degusta el aficionado culé en su paladar el fútbol más brillante del planeta. Un equipo que ya es historia, por ganar seis títulos en una temporada inigualable, cuya hambre de éxito no se rebaja con los años. Guardiola, que se calificaba técnico de proyectos cortos, explota la cara dulce del fútbol. Y eso no tiene fecha de caducidad. Es el barítono de una sinfonía armónica. Lidera un equipo que ondea la bandera del toque y el espectáculo.
Ante el apogeo del Barcelona irrumpe en el escenario una figura que genera nerviosismo en la Ciudad Condal. El único que fue capaz de frenar al conjunto azulgrana e impedir su hegemonía en Europa. Un técnico que llegó a la ‘Casa Blanca’ como el salvador, que acapara todo el protagonismo e impone su mando. Es José Mourinho, el técnico asociado con el éxito en cada capítulo de su carrera en los banquillos, que saca máximo provecho de plantillas que se entregan a su figura. Una demoledora eficacia.
Es la gran apuesta de Florentino Pérez.