Deportes

En casa siempre hemos bailado bien


A propósito de la celebración del Clásico Internacional del Caribe en nuestro país, resulta oportuno sacar algunas cuentas para medir la conveniencia o no de ser sede, desde el punto de vista competitivo.

Como ya se sabe, Panamá ha servido como anfitrión en cuatro oportunidades: 1970, 1973, 1984 y 1999. Cada una de esas jornadas tuvo su sello distintivo y su incidencia en la historia particular de Panamá, así como del evento en sí.

La versión de 1970 se dio en momentos que nuestro país comenzaba a vivir una época de gloria deportiva y aparente bonanza económica. Esa vez la victoria no pudo concretarse debido a que el potro mexicano Hashin se hizo de la carrera, dejando en el camino a “Don Luis” de Venezuela y a “Brigadier” de Panamá. Los otros representantes panameños, “Percal” y “Leblón”, no estuvieron a la altura.

 

Otra oportunidad llegó en 1973. Un año antes, la carrera no se celebró y Panamá se ofreció, lo cual sirvió para salvar la competencia que por momentos parecía desfallecer. El altruismo fue recompensado con el triunfo de “Montecarlo”, quien dio a nuestro país la primera de las 13 satisfacciones que ha amasado.

Todavía está fresca en la mente de los hípicos el clásico de 1984, en el que el crédito local (“French Dancer”) perdió una carrera memorable para unos y digna de olvidar para otros.

Pasaron 15 años para que “Cortisol” nivelara las cargas, cuando ganó en 1999 el Derby del Caribe, en cual los caballos panameños ocuparon los cuatro primeros lugares. Es decir, que como anfitriones, hemos tenido un saldo favorable: dos victorias, un segundo lugar y un tercer puesto.

 

Si nos basamos en las estadísticas, tendríamos que concluir diciendo que el ser los organizadores de la fiesta nunca nos ha caído mal, pero para gozarla debemos saber bailar y para eso son necesarios buenos bailadores o, para lo que nos ocupa, buenos corredores.


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741325
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América