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En procura de un mínimo de calidad


Tenemos la espalda doblada de tantos espaldarazos que recibimos por nuestra entrega anterior en la que abordamos el tema de las carreras débiles que se presentan, producto de que no existen sanciones para quienes retiran caballos del Programa Provisional sin justificación.

Por ejemplo, Carlos Pinzón nos escribió para recomendar que "si tú inscribes un caballo, solo lo puedes retirar por orden veterinaria, pero ahí todo el mundo hace lo que le da la gana". Agrega, entre otros señalamientos, que "el 80% de los preparadores están en esta práctica y principalmente, los cinco que más caballos tienen".

No cabe dudas de que quienes tienen más caballos gozan de cierta ventaja para decidir sobre la suerte de las diferentes carreras, toda vez que cuentan con equinos clasificados en la mayoría de los lotes o categorías.

 

Pero el asunto es generalizado porque hay otros con menos caudal de ejemplares, que también huyen cuando un lote no les conviene.

No creemos en cacerías de brujas, por lo tanto, no las estamos solicitando, pero estamos convencidos de que debe existir un mínimo de castigo, y si es pecuniario mejor, para que quienes insistan en esta práctica sientan los efectos en donde a todos nos duele más: en el bolsillo.

Lamentablemente, la hípica no ha logrado encantar a la población joven como se hubiera querido, así que lo que se impone es mantener esa afición cautiva que sigue fiel al espectáculo de las carreras de caballos y para ello hay que ofrecerle cartillas con un mínimo de calidad.

 

No vamos a eximir a la administración del todo, puesto que también tiene su nivel de responsabilidad en cuanto a ser más consistente y osada en estimular a nuevos inversionistas, pero la falta de inscripciones y la deserción exagerada de caballos de los programas provisional y oficial se lo debemos a los dueños y entrenadores.


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700376
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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