Octavio Paz, figura insigne de la literatura hispanoamericana, se refirió a la poesía moderna como un fenómeno inmerso en un vaivén de atracción y repulsión dentro de los ámbitos sociales, religiosos y económicos. Oposiciones que marcan, según Paz, los temas de dicha poesía. Si bien es cierto que Paz hacía alusión a la lírica, también es cierto que presentaba una situación típica de la literatura postmoderna en general. Una literatura que se caracteriza por “romper” con concepciones tradicionales como la historia, la familia, la fe; pero a su vez partir de ella, “encontrarla” “encontrarse” para dinamitarla: oponiéndola, yuxtaponiéndola hasta lograr el ridículo, hasta execrarla y redimir los nuevos postulados: el hedonismo, el egocentrismo, el yoísmo.
Noto en la obra de Enrique Jaramillo, Los cuentos de bolsillo, una serie de oposiciones que he esquematizado en el título de esta espacio. El trabajo original, de donde he sacado este fragmento, demostraba el planteamiento mediante el análisis de algunos títulos de los apartados y de los primeros cuentos de cada sección. Por cuestiones de extensión, solo presentaré un ejemplo.
La primera tirantez entre los opuestos la detectamos en el título de la primera sección del libro, denominado Textículos. En la nominación, ocurrencia de Lauro Zavala, chocan en un par mínimo la /X/ de texto, con la /S/ de teste, creando una irreverencia a la historia de la tradición literaria, pero creando un lexema que sugiere la idea de género empequeñecido, disminuido, reducido en función de la brevedad. Una feminista recalcitrante, de seguro, ante tal hallazgo aplaudiría la postura claudicante del macho cuasicastrado; pero ¿qué plantea el cuento Mirador? En esta narración se enfrentan la plenitud cifrada en millares de estrella versus la vacuidad de un planeta extinto. Este solo par de contrarios bastaría para desglosar otros, como: la ecología / la inconsciencia; la vida/ la muerte; la ilusión/ frustración. Ante esta serie, no sólo el macho es cancelado, sino la humanidad entera es eliminada por los actos inconscientes de los humanos. El discurso de género entra en diálogo con la conciencia conservadora de la naturaleza y concluye que ni el hombre ni la mujer han logrado salvar su hábitat. El cuento deja la sensación de pérdida y heredad ante la pareja que contempla desde la dedicatoria ( para Yolanda y Ricardo, con afecto) la narración breve, absoluta, aniquiladora de su ilusión; pero a la vez la promesa de mantenerse unidos eternamente, porque encontraron un nuevo lugar donde vivir desde la contemplación de esa noche solitaria. Desde la perennidad de la literatura, admirarán juntos, en exclusiva, y por siempre, esa gran última noche.