"Los temas culturales no solamente requieren de más pulgadas y tiempo en los medios de comunicación centroamericanos y españoles sino que libran de una batalla por la supervivivencia". Esta es una de las conclusiones del periodista español Fran Sevilla durante su participación en el "Taller de periodismo cultural centroamericano periodismo y cultura: un binomio para el desarrollo", realizado esta semana en San José, Costa Rica, y en el que participaron 26 periodistas culturales de la región.
Los 26 comunicadores analizaron durante cinco días las dificultades y desafíos por las que atraviesa la temática cultural en los medios de comunicación, así como las herramienta con que cuentan los periodistas responsables, tanto los que trabajan con instituciones del Estado o la empresa privada en los países centroamericanos y en España.
Según Fran Sevilla, uno de los expositores, hay que definir qué es cultura. "Nadie podría definir con exactitud lo que es información cultural, pero en mi experiencia sí puedo determinar lo que no es, para así separar lo que queda como cultura y lo que pasa a ser entretenimiento. La cultura además de entretener invita a mirar al mundo con un ojo crítico".
Sevilla, quien es corresponsal de Radio Nacional de España para América Latina, dice que vivimos en tiempos de distorsión, donde se cree que todo vale y donde es el mercado el que determina y define lo que es cultura. En este punto, Sevilla, reconoce que existen peligros en este periodismo: amiguismo, rivalidad, búsqueda del rating, entre otros.
También expuso las distorsiones por las que se cuela el periodismo cultural. Una de estas es la autocensura, que muchas veces viene por el miedo del periodista a perder el empleo o los privilegios que le da la fuente. Otro aspecto es la inclinación de las voluntades, que es cuando se reciben regalos luego de un trabajo periodístico. De igual influyen los viajes y los trabajos por encargo.
La pérdida de las fuentes también es otra distorsión. Ante la pérdida de una fuente de valor el periodista se ve obligado a consultar otra gente que no da buena información. En este punto, distorsionan la amistad del periodista con la fuente, la comodidad del redactor en la búsqueda de su información y las noticias exclusivas, que no cuentan todo lo que está detrás de la información con el pretexto de ser para ese solo medio.
Para el español el periodismo continúa siendo una profesión de riesgo y de presiones. En los países pequeños, todo el mundo sabe dónde vive el periodista que redacta cierta información que le afecta y ante este peligro, el reportero tiene que ser valiente.
La falta de estudios.
"Los periodistas ya no tienen interés de saber por qué pasan las cosas. Aún no han comprendido que para ser buenos periodistas tienen que saber de Historia, de Ciencia, de todo lo que pueda aportar en la redacción de las noticias. Los estudiantes universitarios creen en el canto de sirena, es decir, en la fama que supuestamente da la televisión. Y los medios creen en los reporteros de raza que pueden hacer todo, pero al mismo tiempo nada. Yo no soy un periodista de raza, soy un periodista optimista bien informado".
El corresponsal radial siente que hay batallas que el periodismo cultural está perdiendo. Entre estas, el idioma, se pierde de vista para quién escribe, y más cuando la cultura ya no es para las élites. La imagen también es otra batalla, pero cuando no transmiten la realidad del hecho y son manipuladas para dar otro significado. También el conocimiento, cada día sabemos menos, y por ende, transmitimos menos conocimientos al público.
La cultura en la agencia Para la directora de América Central de la agencia Agence France Presse, AFP, Ana Fernández, la información cultural de Centroamérica es un granito de arena, y ellos como agencia cubren los hechos, pero depende de los diarios a quienes les venden las notas si publican o no. Aclara que existe una pequeña línea entre lo que es cultura y el resto de la información. Un ejemplo, dice, es que en Brasil, hasta las telenovelas son noticia cultural.