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Entrevista a un lector anónimo

En todas las épocas, formar un pensamiento propio ha sido considerado “problemático”. Estamos educados para no pensar, para no cuestionar; el libro reta ese aprendizaje. Por ese camino se puede retar el poder. Y el primer reto al poder es la interrogación, la duda.


A lo largo del año suelen reservarse fechas para homenajear al libro, a los autores, a los bibliotecarios; en ferias, librerías, diarios y revistas, suele encontrarse un rincón dedicado a los nuevos títulos, a los más vendidos, a los mejor comentados. Sin embargo, no hay un espacio para quien, prácticamente, es la base de todas estas acciones. Me refiero al lector anónimo.

Es por eso que decidí entrevistar a esa persona que siempre está detrás del libro. Nuestro entrevistado no tiene rostro definido, podría ser cualquiera de nosotros, por esto lo llamaremos, simplemente, Lector.

Al acercarme, supe enseguida que sería una conversación amistosa, pero que tendría que ir directo al punto. Su manera de recibirme indicaba que prefería seguir en lo que estaba haciendo. Una de las primeras cosas que le escuché, entre risas, fue que los lectores leen, observan, y dejan el discurso a los escritores.

 

Es aquella persona que tiene la capacidad de compartir, de admirar la obra de otro. No todos nacen con este don. El lector debe auscultar el corazón ajeno usando los ojos. Un lector reconoce el llanto del escritor y le dice: “Aquí tienes mi hombro”, o puede reír con él, si es preciso. Establece una complicidad silenciosa, pues leer no es más que otra forma de escribir.

¿Pasiva? La persona pasiva recibe la acción del agente, sin cooperar con ella; en cambio, leer es apreciar, admirar, tener una singular estimación hacia algo o alguien. Pero esta consideración no es meramente contemplativa; al contrario: es beligerante, porque leer es interactuar, incluso interferir en el escrito. Al cerrar un libro que no ha despertado el interés suficiente se da por finalizada la obra que el autor no pudo parar de escribir. Leer fue el primer espectáculo interactivo.

¿Y qué decir de cuando se toma un libro y no se puede soltar hasta el final? Se produce una reacción química altamente explosiva, que solo se extingue cuando se llega a la última página. Si me permite la comparación, es como el dulce y gratificante cansancio que deja una noche de amor.

 

La lectura tiene una fuerza intrínseca muy grande. Induce a la persona a reflexionar, a alcanzar sus propias conclusiones, a ver los acontecimientos bajo otro ángulo. En todas las épocas, formar un pensamiento propio ha sido considerado “problemático”. Estamos educados para no pensar, para no cuestionar; el libro reta ese aprendizaje. Por ese camino se puede retar el poder. Y el primer reto al poder es la interrogación, la duda.

Todos me agradan. De un modo general, me gusta los que me atrapan, me envuelven, los que me cuentan una historia con la que pueda identificarme, los que hablan del ser humano con todas sus características, donde no hay una dicotomía marcada entre el bien y el mal. Todos somos un poco buenos y un poco malos. Huyo de los discursos vacíos, de la mera retórica sin contenido, del intento de forzar conclusiones. Lo que torna especial a la lectura es que cada quien puede dar su interpretación: el escritor piensa que es su texto y el lector dice que es su lectura. En verdad, es de ambos.

(Antes de hablar, sus ojos brillan, mirando a los lejos, buscando algo; pareciera que se ha transportado en el tiempo).

 

Puse mi sueño en un navío

y el navío encima del mar;

después abrí el mar con las manos,

 

para así mi sueño naufragar.

Mis manos aún están mojadas

del azul de las olas entreabiertas,

y el color que escurre de mis dedos

tiñe las arenas desiertas.

El viento va llegando de lejos,

la noche se curva de frío;

bajo el agua va muriendo

mi sueño dentro de un navío...

Es un poema de Cecilia Meireles, brasileña. ¿Qué es la poesía sino un barco al que subimos para ver más allá del horizonte? ¿Cómo no subir a ese barco que nos espera siempre?

(Respira hondo, hace una pausa, me mira por un rato antes de contestar).

Sí, el lector ideal es aquel que lee.

Disculpe, preferiría otra definición.

Anote, entonces: el lector ideal es la otra mitad del escritor.

Y diciendo esto, se oculta otra vez detrás del libro que estaba leyendo. Yo prefiero no interrumpirlo más.


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617176
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América