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Entrevistando al actor


“Yo era un estudiante de educación secundaria. No recuerdo el nombre del poeta. Pero lo que me asignaron para declamar en el certamen escolar era un vehemente clamor del Todopoderoso reclamando la presencia de almas en el templo”. Así me dijo Mario, a quien entrevistaba. Y luego añadió: “El poema había estremecido lo más íntimo de mi ser; fui feliz cuando escuché los entusiastas aplausos motivados por mi interpretación.

Entonces, al sentir el deleite de saborear el éxito, decidí ser actor. Había sido maravilloso comprobar que yo había elevado al máximo el eco creado por el poeta cuando escribió: “¡Sitio! ¡Sitio! Me consumo en sed de almas. ¡Almas! ¡Almas! ¡Almas!“.

Para interpretar bien este angustioso lamento, yo decidí valerme de mis brazos. Agité con ellos mis movimientos, llenando con almas imaginarias todos los rincones disponibles del escenario.

 

Consideré que había efectuado una actuación impresionante. Pensando así, no me extrañó que al día siguiente el sacerdote jesuita que dictaba algunas materias especiales, me indicara, que quería hablar conmigo.

Con mucha diplomacia y cariño me explicó que, indudablemente por error, al copiar el texto de la obra, se sustituyó la expresión en latín “habeo sitis”, (tengo sed), por las palabras: ¡Sitio! ¡Sitio! Nadie captó la equivocación.

De allí que los movimientos tan teatrales, que yo consideré “maravillosos”, fueran completamente inadecuados. Mientras escuchaba a mi mentor, logré controlar las burbujas de llanto que inundaban mi interior; y de pronto comprobé que las mismas se convertían en bulliciosas carcajadas, que llenaron de alegría el ambiente.

 

Así aprendí una inolvidable lección: reírme de mí mismo.


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477879
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América