Cuando jinetes del calibre de Luis Arango, Ángel Rivas o Félix Salgado están involucrados en algún incidente durante el desarrollo de las competencias hípicas, todas las miradas se vuelven hacia ellos.
De un lado estarán quienes esperan que se le castigue con todo el rigor y del otro se ubicarán los que estiman que se les debe dar un trato especial, por lo que representan para el espectáculo.
En nuestra opinión no se trata de ninguno de los dos extremos; sencillamente hay que aplicarles el reglamento en toda su extensión sin importar sus nombres ni sus cualidades.
Como miembro de la Comisión Nacional de Carreras, al igual que los otros miembros, tratamos de actuar con equilibrio, con lógica y basados en el reglamento vigente.
Por ejemplo, no podíamos caer en el error de ratificar una sanción (como fueron las de 12 reuniones impuestas a Salgado hace dos semanas), si la resolución respectiva llegó a la Comisión con un fundamento errado o ambiguo.
No se podía sancionar a Arango por incumplimiento en el compromiso de monta, cuando los dos entrenadores afectados decidieron contratar los servicios de otros jinetes, antes de que se produjera la violación. Legalmente a eso se le llama sustracción de materia.
No se trata de favoritismo ni simpatías, y aunque podamos tener diferencias de opinión con algunos, nuestro deber es administrar justicia con madurez y responsabilidad y esas cualidades no se venden en la tienda del chinito.