Desde mi punto de vista, en nuestro país los atletas son rupestres.
A pesar de ser un milagro de la naturaleza humana, estos no reciben el seguimiento preciso para poder llegar a ser baluartes del prototipo de ser humano nacido en el país.
Hay que ver las cosas como son. Si en Panamá se trabajara científicamente a los atletas, de seguro contaríamos con muchos campeones.
Hay que reconocer que los atletas nacionales hacen lo que pueden, pero los dirigentes de sus diversas federaciones no les dan las suficientes armas para que estos soldados salgan a pelear.
Uno de esos instrumentos es la buena alimentación, cosa que no se cumple en nuestros atletas. Recalco, sin temor a equivocarme, que muchos de nuestros atletas élite han tenido que investigar qué es un nutricionista porque en su vida deportiva nadie les presentó una de estas personas, claves en el desarrollo del atleta.
Recuerdo haber visto, muchas veces, a los jugadores de la selección nacional de fútbol, a la salida del Estadio Rommel Fernández, rodear al “chichero” y acabar con el producto que vendía.
¿En qué puede ayudar esto a los atletas? En nada. En ese momento ellos no contaban con la asesoría de un nutricionista. Al final veíamos a una selección sin batería a los 50 minutos de juego.
Esto a su vez trae otra repercusión: si los atletas no se alimentan bien, las lesiones serían su pan de cada día.
Por eso nuestros atletas pasan de lesión en lesión, porque a inicios de su carrera no tuvieron una buena alimentación o cimentaron un buen régimen alimenticio para cuando estuvieran compitiendo en años futuros no sufrieran tanto.