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Esa música me da ganas de vomitar

No conocer a Roque Cordero me llenaba de vergüenza. Cómo iba a conocerla, si a lo que se tenía acceso en Panamá era al pindín...


Madrid, otoño de 1978. Aunque conocíamos muy poco su música, todos sabíamos, por lo que se decía, que Sebastián de Garabandal era un compositor de talento excepcional y que si se dedicaba a la enseñanza era por vocación y no por necesidad. A Sebastián de Garabandal le llegó el reconocimiento como parte del grupo 'Generación del 51', todos compositores españoles que habían nacido alrededor de los años 30 y entre los que se encontraban Carmelo Bernaola, Luis de Pablo, Cristóbal Halffter y los catalanes Xavier Benguerel y Joan Guinjoan, entre otros.

«Buenos días», dijo Sebastián de Garabandal con la voz rasposa del fumador. «Como ya sabéis soy vuestro profesor de composición». Nos llamó en orden alfabético y cuando mencionó mi nombre, dijo: «¿Tú eres de Panamá, no? Nunca he tenido un estudiante panameño en mis clases. ¿Qué pasa, que, no os gusta la composición por esas tierras?», bromeó.

—¿Qué compositores importantes hay en Panamá?

—El más conocido es Roque Cordero, pero no vive en Panamá sino en los Estados Unidos.

—Y qué ha hecho el señor Cordero para merecer el honor de ser considerado el compositor más importante de Panamá.

—Ha compuesto música dodecafónica, —dije con nerviosismo porque temía que me hiciera más preguntas.

 

En Panamá muy pocos conocían la música del compositor que en esos momentos ponía al país en el panorama musical académico del mundo. No conocer a Roque Cordero me llenaba de vergüenza. Pero, cómo iba a conocer la música de Roque Cordero, si a lo que se tenía acceso en Panamá era al pindín chupicharquero, la salsa bullanguera, los boleros corta venas y las marchas militares que por suerte solo se tocaban en los desfiles patrios. En las emisoras de radio locales el 2 de noviembre —día de los difuntos—, se transmitía música clásica, costumbre que a pesar de los aparentes visos de luz que destellaba, lo único que hizo fue crear el estigma de que la música clásica era música de muertos. La Orquesta Sinfónica Nacional (la única orquesta en todo el país), con sus eternas limitaciones y su afligido andar, solo sabía interpretar música de los períodos barrocos, clásicos y algunas obras románticas. Una vez la orquesta programó una obra de Roque Cordero, pero el concertino dijo: «esa música me da ganas de vomitar», y la obra no se tocó.

Panamá, 2014. El panameño sigue sin conocer la música de Roque Cordero y la composición no existe como carrera en las instituciones especializadas. Panamá sigue en su letargo musical.


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952697
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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