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Ese loco de Richard Brooks

“Su lenguaje no es para laboratorio sino para las entretelas del corazón” Henry Miller


El escocés Brooks existe porque Ricardo el tabogano, una vez superado el bajón que casi detiene su corazón, hizo una tamuga con la ropa sucia de sus amarguras y desazones y, después de salpicarla con sopa de fu-fú y de rezarle una letanía con lo mejor del Cantar de los Cantares, la quemó; a sus cenizas le añadió fotos viejas pulverizadas de Johnny Wesmuller, Greta Garbo y Charles Chaplin, y se la sirvió a su gato bañadas con jugo de marañón y camarones. Por supuesto, el gato murió y así pudo reencarnar en Richard Brooks.

Ese alter ego le hacía falta a Ricardo. Con él liberó fuerzas que mantenía escondidas por timidez y algo de pudor.

Una de las primeras hazañas de Brooks fue jamaquear a Ríos tras el fuerte infarto que sufrió. Dentro de él, Richard impuso su velocidad, su humor y su temeridad. En menos de un año, no quedó ni vestigios del Ricardo Arturo Ríos Torres que hablaba gangosidades y caminaba como viejito. Ambos habían renacido.

 

Los noventa y cinco mil libros que han devorado Ríos-Brooks son estornudados en forma de epígrafes, frases intercaladas y en la masa hipnótica y fluida de la prosa que estrena en algunas de las letras (léase capítulos) de este libro. Y, como si fuera poco, le sale un plumón nuevo: la poesía.

Claro está, el amor lo empuja al verso, al poema sexualmente candoroso: “tu nombre pronuncié con disimulo…” Está loco por Nefertari, pero, ¿por quién no está loco ese Brooks? Fíjense nomás que a La Tibetana le cae un aluvión (su palabra favorita), que más que aluvión es una catarata de ciclos donde queda en silencio, despierto, entorbellinado, vuelto nieve y arena.

Eso cuando es el amor el que lo inspira. El amor, el amor, esa “tormenta de pétalos”. Cuando es la rabia, la ira por la flatulenta corrupción que lucha por desenmascarar, entonces le salen vaticinios: “sufrirán ataques al corazón los que se enriquecieron con los fondos públicos y los presidentes corruptos; los cardiólogos estarán de plácemes, después les cobraré mi comisión”; o las metáforas pedregosas y furibundas como esa en la que describe a uno de sus personajes atacado por: “una diarrea amazónica”. ¡Escapad! Estoy seguro que ni yo ni ustedes quieren estar cerca de ella.

 

Ojalá no cesen los disparates geniales de este Richard Brooks que se escapó de un espejo y no hay manera de volverlo atrás.

Concepto.
La idea de que la inteligencia colectiva puede lograr cosas que no puede una sola e unitaria visión"


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436123
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América