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Espacio libre de política

Debemos entender que una de las estrategias de los que tratan de arrastrarnos a su lado del ring, es confundirnos hasta que no podamos pensar. Eso mata. Mata la conciencia. Mata el libre albedrío. Conculca la libertad de pensar a solas y en silencio. Mata la paz.


No fumo. Pero por principios me cabrea que se prohíba a la gente matarse como deseen. Siempre he defendido el derecho a elegir, es decir: 'Aquí se fuma', el que no quiera entrar que no entre. Tanto que pregonamos la libertad y los derechos, deberíamos de llevarlo a rajatabla. Hasta ahí no hay nada nuevo. Pero últimamente debo ampliar mis exigencias de libertades, y lo hago exigiendo espacios libres de política. Porque sí, coincido con Aristóteles en que el ser humano es un animal político, pero se nos pasa la mano en pollo y esto ya está pasando de castaño obscuro. El acoso y derribo es brutal. La contaminación visual, auditiva y psicológica es tremenda.

La semana pasada estuve en una misa de cabo de año. Los deudos, los amigos, todos recordando a quien se fue a través de un acto religioso, y de pronto, en la homilía, el sacerdote comienza a hablar de política. Importa poco si es a favor o en contra, si apoya a uno o al otro, si está de acuerdo o no. Lo grave del hecho es que ya estamos confundiendo el culo con las témporas. Y siento mucho decirles, señores, que estas dos cosas no tienen nada que ver.

Lo que tenemos que comprender es que estamos hasta el cuello en mierda demagógica electorera. Debemos entender que una de las estrategias de los que tratan de arrastrarnos a su lado del ring, (no importa el color del calzón, en éste caso, como en muchos otros, son todos exactamente iguales), es confundirnos hasta que no podamos pensar. Las bestezuelas aturdidas, confusas, siguen al matadero a cualquier cabestro que les pongan por delante. Y allá nos vamos, entrando al trapo con banderas, afiches, caras gigantes replicadas hasta el infinito. Voces por la radio, los mismos de siempre una y otra vez en programas de televisión que parecen exactamente el mismo, repetido un día tras otro. La gente en la calle hablando solo de un tema. Las redes sociales bullendo con lo mismo y solo de lo único. Gente en los semáforos que trata de meterte la basura dentro del carro mientras sacuden un bombo con empeño y corean consignas pendejas. Altavoces móviles que atruenan las mañanas dominicales con nombres y lemas. La asfixia. El hastío.

Eso mata. Mata la conciencia. Mata el libre albedrío. Conculca la libertad de pensar a solas y en silencio. Mata la paz. El humo del tabaco por lo menos huele bien, pero este maremágnum en el que nadamos no. Algo huele a podrido en la política de este reino. (Haré la salvedad de que sé perfectamente que esto no es un reino… el que no entienda la referencia literaria haría bien en dejar de ver debates televisados y leer un poco más a los clásicos)

Así que exijo espacios libres de política. Restaurantes donde no se pueda hablar de política ni de políticos mientras se cena, vagones del metro donde no tengas que aguantar al de al lado exaltando las virtudes de su candidato a voz alzada. Cafés en los que las tertulias giren obligatoriamente en torno a otros temas. Sitios donde se reconozca que hay otros horizontes, en los que se aprenda que no solo de política vive el hombre. Si existieran sitios así, aunque en ellos se permitiera fumar, a estas alturas estarían atestados de gente tratando de desintoxicarse de personas 'intensas', discursos manidos y mentiras manifiestas.

Así que desde aquí declaro que, por lo menos esta columna es un espacio libre de política hasta nueva orden. Porque hay vida más allá del 5 de mayo.


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922721
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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