En el cuadro internacional, las actividades bélicas en las que Washington participó en la última década desde Irak y los Balcanes hasta Afganistán, sacan a relucir la divergencia del poderío estadounidense con el resto del mundo, a la vez que destaca la desproporcionalidad de los gastos militares de la superpotencia con la de los otros paises.
John D. Negroponte, el embajador de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), recalcó este punto en una entrevista exclusiva con El Panamá América, al señalar que gracias a un abultado presupuesto de defensa de 370,000 millones de dólares "nuestros aliados logran importantes ahorros en sus economías".
"Nuestra capacidad defensiva representa una garantía para todos los países democráticos, especialmente nuestros aliados en el hemisferio occidental", señaló Negroponte.
Subrayando que Estados Unidos ha creado un escudo protector con sus extraordinarios gastos de defensa que, junto a los otros miembros de la OTAN representan "un 85 por ciento de los gastos militares del mundo", según Stephen Fidler, el veterano corresponsal en Washington del Financial Times de Londres.
"Semejante dominio no tiene precedentes, tratándose del presupuesto militar más abultado en la historia," el británico Paul Kennedy de la Universidad de Yale, dijo al Times. Asimismo, la prominencia estadounidense se destacó por la calidad de su poderío bélico, considerando que el 95 por ciento de las bombas de precisión que cayeron sobre territorio afgano dieron a sus blancos.
"Esto tiene importantes y desconcertantes consecuencias para los aliados de
Estados Unidos, así como para sus potenciales adversarios", por el abismo cuantitativo y cualitativo que se está creando, destaca Fidler.
En el campo diplomático, sin embargo, la imagen de Estados Unidos hubiese logrado una mayor notoriedad y efectividad si el equipo de los colaboradores de Bush estuvieran mejor sincronizados. Repetidamente se han creado fricciones entre el secretario de Estado, Colin Powell, un hombre con una reputación de moderado y de gozar de connotados dotes de conciliador mientras que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, es considerado el portavoz de la "línea dura" junto con el vicepresidente Dick Cheney.
Bush por el momento ha tomado la retórica de estos últimos, al declarar un día después que los talibanes capitularan en su último bastión, Kandahar, que el conflicto seguirá hasta conseguir una victoria definitiva.
Durante la conmemoración del 60 aniversario del ataque japonés a la base militar de Pearl Harbor, el mandatario
acusó a los terroristas y a los ahora fugitivos líderes del Talibán y Al-Qaeda, de ser "herederos del fascismo", y
se comprometió: "Uno por uno los vamos a encontrar, y pedazo a pedazo vamos a deshacer su red terrorista".