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Este oro vale mucho más...


Argentina arribaba a Beijing mucho menos favorito que en Atenas 2004.

La presencia de Brasil y el arranque de la “verdeamarelha” en la primera fase hacían suponer que ellos se subirían a lo más alto del podio.

Sin embargo, como bien dice Dante Panzeri: “El fútbol es la dinámica de lo impensable”.

 

Y lo que, en semifinales, parecía el final de la albiceleste en el torneo, se convirtió en la resurrección de la celeste y blanca, y lo que a la postre le diera la fuerza para superar los antecedentes y la historia que tenía encima el compromiso ante Nigeria.

Un apartado es el que hay que hacer con respecto a la presencia de Ángel Di María. Cuando todos creían que Messi era la figura descollante, él los desconcertó, pues  apareció calladito por Beijing y con goles decisivos construyó un personaje temible en la media cancha argentina.

Por otro lado, la clave del conjunto de  Batista pasó, más que nada, por la regulación que le imprimió a su juego en todo momento.

 

La explosión de los más jóvenes, el caso de Messi, Agüero y hasta Di María, era el complemento perfecto de la parsimonia galopante de Riquelme y la experiencia y equilibrio que le aportó Mascherano.

La dinámica no era tan “impensable” en el fútbol del cuadro sudamericano.

Ahora el cuello les pesará mucho más a esta generación de jugadores, no cualquiera se cuelga dos  medallas al hilo, sino pregúntenle al “Masche”, quien es el único que repite.

 

En tanto, Brasil seguirá esperando su gran oportunidad...


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401938
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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