Más de 100.000 personas efectuaron ayer una manifestación ruidosa, y a veces violenta, contra Estados Unidos y Gran Bretaña por una resolución de las Naciones Unidas que condenó el más reciente estallido del conflicto de Etiopía con Eritrea.
Estados Unidos y Gran Bretaña, principal respaldo del gobierno del primer ministro Meles Zenawi, fueron decisivos para la redacción de la resolución unánime que da a ambos países africanos hasta hoy para detener la lucha o enfrentar un posible embargo de armas.
Los países vecinos, dos de los más pobres del mundo, han gastado millones de dólares para reforzar sus arsenales y fuerzas aéreas desde que estalló la guerra en mayo de 1998.
Ambas naciones también enfrentan escasez de alimentos debido a una prolongada sequía y han pedido asistencia internacional por la escasez que dicen afecta a unos 9 millones de personas.