El australiano Cadel Evans partía con el número uno en el Tour de Francia por su condición de defensor del título, pero no ha podido presentar batalla para renovar el triunfo y dijo definitivamente adiós a sus opciones de victoria.
El ciclista del BMC se descolgó de los mejores en las dos grandes etapas de montaña de esta edición, precisamente donde debía marcar las diferencias con el británico Bradley Wiggins, que se muestra intratable en la lucha contra el crono. En La Tuissuire, la etapa alpina más dura, se dejó 1.26 y ayer en Bagneres-de-Luchon, en la etapa reina, cruzó la meta casi cuatro minutos después del maillot amarillo.
Unos problemas gástricos fueron su explicación sobre su mal rendimiento en la etapa, lo que le llevó a decir que su Tour ha acabado.
Pero lo cierto es que Evans no ha dado la impresión en ningún momento de inquietar a Wiggins.
El australiano y el británico aparecían como los dos grandes favoritos sobre el papel para ganar el Tour número 99. El segundo por la gran temporada que venía completando, con victorias en la París-Niza, la Vuelta a Romandía y la Dauphiné.
El primero hacía valer su condición de ganador del Tour de 2011.