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Examen a la aparente buena salud de la hípica nacional

Al igual que la economía del país, las apuestas en el hipódromo tienen una proyección de aumentar dos dígitos al final de este año. Esta tendencia ha


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Al igual que la economía del país, las apuestas en el hipódromo tienen una proyección de aumentar dos dígitos al final de este año. Esta tendencia ha sido sostenible en los últimos años, tanto en las carreras locales como en las que se presentan mediante el sistema de transmisión simultánea (simulcasting).

A este buen comportamiento de la jugada habría que sumar el subsidio millonario que el Estado panameño, mediante ley, le está otorgando a la Empresa Hípica de Panamá S. A. como aporte para engrosar la bolsa de premios.

Esto ha traído como consecuencia que los inversores en la compra de caballos finasangre se hayan volcado a la adquisición de equinos en las ventas que se realizan anualmente en Estados Unidos, así como se han dado importaciones desde Colombia, México y Argentina. A lo anterior habría que añadir el incuestionable éxito que en las últimas semanas tuvieron las subastas públicas de las haras San Miguel y Cerro Punta, en las que más de medio centenar de potros fueron negociados por una suma global superior a los $200,000.

Es decir, que en términos generales, la hípica panameña parece gozar de buena salud: apuestas en crecimiento, calendario de clásicos atractivo, inyección constante de equinos a la población caballar y premios llamativos.

Justamente, cuando en apariencia se está pasando por un buen momento, se reportan recortes en el recurso humano del hipódromo, se emplaza a los dueños de las agencias de apuestas con cuentas - muchas en abierta contradicción con recibos emitidos por el propio hipódromo-, mientras la inversión en la infraestructura del coliseo hípico es casi imperceptible.

Para muestra hay varios botones. Hace unas semanas un grupo de jinetes se negó a actuar y varios dueños retiraron a sus caballos por la deficiente iluminación de la pista en una jornada nocturna. También se dieron irregularidades en la pista, en la que se detectaron algunos baches a los que se les atribuyó la rodada de algunos jinetes y percances de algunos equinos.

No se trata de pintar una película de terror y mucho menos dejar en el ambiente la sensación de que el hipódromo se está cayendo o está peor que antes; de ninguna manera. Decir eso sería faltar a la verdad y la mentira nunca ha sido un deporte que le fascine al suscrito. Sin embargo, hay que dejar sentado que no es correcto que los dueños de caballos, los apostadores, los criadores, el Estado, los profesionales de la hípica, entre otros, estén haciendo un esfuerzo extra para empujar la nave hacia buen puerto, mientras que el operador se queda rezagado.

Hay quienes ya empiezan a plantearse teorías sobre lo que está sucediendo. Para nadie que esté medianamente enterado de las intimidades de la hípica es un secreto el hecho de que a esta empresa se le está acabando el tiempo para seguir operando la concesión administrativa del hipódromo, quizás por ello se note tanta apatía, a pesar de la aparente buena salud de la cual está gozando el espectáculo de las carreras de caballos.

Con su recurso humano pueden hacer lo que estimen conveniente, en eso no nos vamos a meter, pero en todo lo demás les vamos a pedir cuentas.

Lo dijimos hace dos años, subsidiar una empresa privada cuyos fines no son totalmente sociales, era darle un sillón para que se achantaran. Evidentemente, no nos equivocamos.


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909476
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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