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Extraviados en un diccionario


Recuerdo las interesantes clases de nuestro profesor de Técnica del Lenguaje, Jaime García Saucedo, quien casi nos obligó a no usar palabras y frases como: dicho, dicha, el mismo, la misma, ya que.

Y nos insistió en aquellas palabras bobas como “cosa”, que ,en lenguaje periodístico, no aportan nada. Y no se queda por fuera el “etcétera”.

Lo que intentaba el profesor era alejarnos de las muletillas, de las frases hechas, cajoneras... obligarnos a buscar otra ruta, a pensar, a enriquecer nuestro vocabulario.

 

En mis tiempos, como dicen las abuelas, teníamos la dicha de tener en las Redacciones de los periódicos los diccionarios impresos. De tanto uso, estaban deshojados, deteriorados, remendados.

No era extraño ver a algún colega navegando por aquellas páginas, extraviado en el mundo de las palabras. Comenzaba por una y terminaba buscando otras muy distintas.

Era como meterse en un jardín lleno de frescas flores y mil aromas. Te desvías mirando una y siguiendo luego a otras más bellas.

 

Después de cerrar el diccionario, uno volvía a su máquina de escribir, con muchas palabras en la cabeza, menos aquella que necesitaba. Y nuevamente emprendía la interesante tarea, esta vez con la promesa de encontrarla rápido y sin entretenerse, porque el tiempo es oro.

Extraño los diccionarios impresos en las Redacciones, pues la tecnología nos trae con un click todos lo que podamos imaginar. La diferencia es que no hay posibilidad de extraviarse, porque para buscar una palabra, hay que escribirla en una casilla en blanco.

No es lo mismo pasar mis dedos por las páginas impresas, que tener la ilusión de hacerlo con la ayuda del “mouse”. Como jamás lo será acariciar el cabello de mis hijos y darles un beso, que hacerlo electrónicamente.


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614685
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América