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Fantasmas de rumba

Soy alérgico a los entierros. Tan así que trataré de no ir al mío. Esta marrumancia comenzó a los nueve años cuando vi mi primer ...


 

Soy alérgico a los entierros. Tan así que trataré de no ir al mío. Esta marrumancia comenzó a los nueve años cuando vi mi primer muerto; se agravó cuando cumplí los cincuenta y se convirtió en paranoia a los ochenta. Sin embargo no pude -ni quise- resistir la tentación de asistir a dos grandes entierros de mi época: el de Omar Torrijos y el de Arnulfo Arias. ¡Apoteósicos! el adjetivo que mejor los puede describir. Podría añadir, espectaculares. Hice bien en no perdérmelos.

Nunca escatimaré a los distinguidos difuntos lo que hicieron por Panamá. Arnulfo, el Seguro Social -del que saboreo la jubilación-, y la araña que ilumina el patio de butacas del Teatro Nacional; Torrijos, puso a Panamá en los mapas durante su campaña por los nuevos Tratados y por los Tratados en sí. Por lo demás, nunca entendí aquello del "panameñismo" de Arnulfo, ni el "ideario Torrijista".

 

En nuestra milagrosa Panamá, tratando de ocultar una realidad que nos resulta plana y apabullante, repetimos una y otra vez que tales líderes "no han muerto". Así vimos en algunas elecciones, difuntos enfrentando a los vivos con la clara ventaja de que a la gente le molesta hablar mal de los muertos y le encanta hablar mal de los vivos.

Aunque me atraen más las cosas del "más acá" que las del "más allá", confieso que al entrar en cuenta regresiva de la vida, ronda mi racionalista cerebelo la esperanza de que con el entierro no termine todo. Tal pensaron los señores a los que me refiero. Torrijos dijo una vez -citando a Noriega a la muerte de su líder-: "Tengo un libro científico que me trajeron de España: "La era de Acuario No. 2, que termina diciendo: "¡Los acuarianos no mueren!"". Arnulfo gustaba de repetir: "¡Volveré!". Creo que ninguna de las dos fórmulas funcionó. Mejor, el mundo estaría más poblado de lo que está con la inmortalidad de los acuarianos, y porque Arnulfo se las arreglaría -caso de llegar a la presidencia por enésima vez- para que le dieran otro golpe. Por otro lado, si entre los arnulfistas quedan discípulos de Descartes, debieran dudar del retorno del Hombre, porque para él ya no Cogito, ergo sum.

Como dije antes, nuestro Panamá es tan milagroso que puede suceder que la salsa, se lleve a los muertos de rumba.

 

fecha edicion
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994857
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América