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Fantoches caritativos y aprovechados

No muchas veces me veréis a mi con la Biblia en la mano o usando el nombre de algún Dios en vano, tal y como hacen muchos


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, Escritora y actriz) / Antropóloga, Escritora y actriz

No muchas veces me veréis a mi con la Biblia en la mano o usando el nombre de algún Dios en vano, tal y como hacen muchos por ahí que creen que limpian sus actos poniendo al Dios de Israel en su lengua cada dos palabras y media, pero creo que hoy en un buen día para sacar a colación unas cuantas frases que los que tanto aman a aquel Dios no podrán refutar, ya que al parecer son de Él mismo: “Mirad que no hagáis vuestras limosnas delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tenéis recompensa de vuestro Padre que está en el cielo. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas (…) para ser alabados de los hombres; (…) Mas cuando tú des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha. Que tu limosna sea en secreto (…)” Conste que esto no lo digo yo, ¿eh? Lo dice Mateo y nos viene como anillo al dedo para ilustrar lo que se ha dado en estos días. Dios los llama ‘hipócritas’, y según la RAE, un hipócrita es aquel que finge cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene o experimenta. Y si Dios los llama así, por algo será. Que para eso es omnisciente, ¿no?

No sé a ustedes, pero a mi se me han revuelto las tripas viendo a los buitres hipócritas (ojo, que la palabra buitre incluye por igual a machos y a hembras) sacar tajada de la desgracia ajena. Lágrimas en los ojos, metidos en el lodo, ‘custodiando las donaciones’… Y yo sólo pensaba que tenían mucha suerte de que los damnificados no pudieran reaccionar por la pena, que si no, seguramente se hubieran revuelto y les hubieran sacado los ojos con las manos. A todos y todas. Por hipócritas, por malvados, por cubrir sus ansias de figuración con una falsa capa de caridad. Porque solo se acuerdan de los pobres para usarlos. Y la gente, que en este país es buena en el buen sentido de la palabra, aún se cree sus historias de abnegación y seguro que los votarán para las próximas elecciones. Aunque hayan llegado solo diez minutos y se hayan ido como alma que lleva el Diablo a lavarse las manos y botar la ropa de marca que llevaban puesta, porque obviamente, las manchas de ese lodo rojizo no salen por mucho que sus empleadas froten y froten y vuelvan a frotar.

Veo las imágenes de la gente que lo ha perdido todo y leo algunos de los tuits de algunos políticos y me pregunto, ¿cómo pueden tener estómago para tratar de sacar tajada política en este momento? ¿Son tan miserables que no son capaces de perder de vista por un instante sus propias aspiraciones para ponerse codo con codo y tratar de ayudar en un momento como este? Señores, habrá tiempo para pedir responsabilidades si es menester, o para acusar a quien debe ser acusado. Pero ahora mismo, con tanto dolor y tanto miedo, un político (o política) que se vista por los pies debe dejar de lado su ego (ya, ya sé que es difícil, la mayor parte de los egos de los políticos del patio tienen el tamaño de hipopótamos) y ayudar, pero sin vanaglorias, sin fotos en Twitter, sin anuncios de lo que se hizo o se va a hacer. ¿Quieren demostrar su espíritu de servicio? ¡Pues sirvan, carajo! Sirvan sin esperar nada a cambio, ni aplausos, ni palmaditas en la espalda. Sirvan para algo.


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851196
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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