El suizo Roger Federer cumplió su palabra, y si después de perder su primer partido contra el chileno Fernando González avisó que sonreiría de nuevo, volvió a disfrutar de nuevo ayer al ganar al español David Ferrer en la final y anotarse por cuarta vez en su carrera la Copa Másters.
Federer se impuso a Ferrer, por 6-2, 6-3 y 6-2 en una hora y 37 minutos en una final demasiado corta, en la que el número uno del mundo disfrutó y en la que David se esforzó sin fortuna y perdió la oportunidad de convertirse en el primer debutante, desde su compatriota Alex Corretja en 1998, en ganar la Copa Másters en su debut, y de paso anotar su nombre como segundo español que se hace con este torneo desde Manuel Orantes en 1976.
Ferrer también desaprovechó una ocasión para acabar cuarto del mundo esta temporada (finalizará quinto), y de paso hacerse de oro, pues si hubiera ganado la final se habría embolsado un cheque por 1,3 millones de dólares por acabar el torneo sin una sola derrota.
Pero esta semana quedará en su memoria como una de las mejores de su carrera por méritos propios. Perder contra Federer, un consumado maestro, en su primera final en pista cubierta y en un Másters significará para él un revulsivo que otros atletas quisieran.
Todo eso por culpa del jugador suizo que no hizo mas que cumplir con su juego. Federer sabía que aunque las piernas del español son veloces y ha ganado esta semana al número dos del mundo (Rafael Nadal), al tres (Novak Djokovic) y al cinco (Andy Roddick) cediendo nada más que un set, contra Nadal, se ha adueñado de lo que él llama su zona segura, y jugando ahí se mueve con una absoluta naturalidad que se traduce en eficacia mortal.
Los dos salieron a la pista a ritmo de rock marcado por el "We will rock you" del grupo Iron Maden y Ferrer se agarró a la esperanza de que el partido fuera largo, con interminables intercambios que desgastaran a Federer y le hicieran dudar, en vez de tomar una confianza basada en su habilidad y en su balance de siete victorias contra él en otros tantos encuentros, sin ceder un set.
Pero el comienzo del encuentro fue desesperanzador para Ferrer y su equipo, y eso que el español gozó de un punto de ruptura en el tercer juego del primer set, y porfió en cada jugada dudosa reclamando con éxito el "Ojo de Halcón".
Así, Federer logra el segundo de los objetivos que se había planteado esta temporada tras perder la final de Roland Garros contra Nadal por segundo año consecutivo. Apuntó a su quinta corona en Wimbledon, y la logró. Añadió el cuarto Abierto de Estados Unidos y luego disparó contra su cuarta Copa Másters y la ha obtenido, empatando con el rumano Ilie Nastase (4), el checo Ivan Lendl (5) y el estadounidense Pete Sampras (5).