El árbitro mundialista Ali Bujsaim acusó ayer martes a la FIFA de ceder ante presiones para nombrar al italiano Pierluigi Collina para dirigir la final de la Copa del Mundo 2002 entre Brasil y Alemania. "Pensábamos que el árbitro para la final no sería de Europa dado que Alemania es europea, pero la FIFA nombró a un italiano para la tarea", dijo a Reuters el árbitro de los Emiratos Arabes Unidos tras regresar a la capital Dubai.
"Todo ocurrió porque los europeos comenzaron a presionar a la comisión arbitral de la FIFA para que nombrase árbitros europeos para las semifinales y la final tras la eliminación de países europeos importantes como Francia, España e Italia", dijo.
"La FIFA no es lo suficientemente fuerte para soportar la presión continua de los europeos, que estaban determinados a mantener en su sitio a árbitros de países más pequeños", sostuvo.
Tras protestas por malas decisiones arbitrales que favorecieron a los co-patrocinadores surcoreanos, en particular en sus eliminatorias primero contra Italia y luego ante España, la FIFA nombró árbitros europeos para semifinales y final.
"No tengo nada personal contra Collina. Es uno de los mejores árbitros del mundo y llevó muy bien la final", dijo Bujsaim. "Yo tuve una oportunidad de intervenir en la final, pero sólo si Italia llegaba a la final". añadió. Bujsaim tuvo a su cargo dos encuentros en la Copa del Mundo, el partido inaugural entre Francia y Senegal en Seúl, y el Argentina-Suecia del Grupo F, que supuso la eliminación de los sudamericanos, en Oita, Japón.
"En conjunto, el nivel de arbitraje fue bastante bueno en el Mundial. Las mayoría de las equivocaciones fueron cometidas por los asistentes, que representaban a continentes de fuera de Asia", dijo.
"Hubo goles anulados, pero el porcentaje de asistentes que cometieron errores en la marcación de fueras de juego fue de sólo un dos por ciento. España, por ejemplo, echó la culpa sin necesidad al árbitro (Gamal al-Ghandour, de Egipto) por anular un gol de oro contra Corea del Sur, pues era culpa del asistente", explicó.
"No es fácil para un juez de línea tomar su decisión cuando la diferencia sólo es de 20 ó 30 centímetros", dijo Bjusaim, que se destacó cuando sacó una tarjeta roja al reserva argentino Claudio Caniggia que se sentaba en el banquillo de su encuentro con Suecia. "Sus palabras puede que no signifiquen mucho para algunos, pero si no lo hubiera sancionado, habría perdido el control del partido", dijo Bjusaim sin más explicaciones.
Caniggia admitió luego que protestó groseramente al árbitro contra una decisión de Bjusaim cerca del final del primer tiempo. Bujsaim dijo que apoyaba la idea de usar la tecnología para ayudar a los árbitros. "Estoy en favor de usar la tecnología, pero va a pasar mucho tiempo antes de que pueda ser aplicada al fútbol", finalizó.