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Fósiles milenarios guardan el secreto de Panamá

Hace apenas unos 10 años, se pensaba que el istmo de Panamá había surgido del fondo de los mares, rápida y recientemente en una sola etapa. Hoy se conocen mejor las etapas de este gran evento que cambió incluso el clima mundial al alterar significativamente el patrón de circulación de las corrientes oceánicas.


H ace algunas semanas se inauguró en Louisiana una exposición de huacas panameñas que incluye parte de la exquisita y voluminosa colección de piezas precolombinas de cerámica y oro, extraídas por arqueólogos norteamericanos en la década de 1940 de Sitio Conte (Coclé).

El reportaje que leí da cuenta de que la familia Conte, dueña de la propiedad, recibió en aquella época mil seiscientos dólares con noventa y tres centésimos, en concepto de pago por los más de tres años que duró la excavación de este invaluable tesoro, el cual con la autorización oficial del gobierno se fue de Panamá para nunca más volver. Al menos sirve de consuelo saber que la mayor parte de este valiosísimo legado cultural se conserva en varias universidades y museos de E.E.U.U., definitivamente en muchas mejores condiciones de preservación y valoración que el precario patrimonio que aún nos queda en Panamá y que a duras penas puede apreciarse en las maltrechas instituciones culturales y museos de nuestro país.

Es una pena que nuestros gobiernos y más aún, nosotros mismos como nación, no nos preocupemos lo suficiente por preservar siquiera nuestros recursos naturales y menos el legado cultural de nuestros ancestros. En efecto, mientras siga siendo prioridad estatal ofrecer nuestro país al mejor postor, mientras nuestras universidades sigan más ocupadas en conseguir presupuesto para mejorar salarios y sostener la burocracia administrativa, que en promover la cultura de la investigación e incentivar la aplicación del conocimiento en el rescate de lo que fuimos y de lo que somos, no tendremos autoridad moral como país para sustentar, por ejemplo, una eventual solicitud de repatriación de piezas arqueológicas como estas.

 

Es por ello que cuando recibí el domingo de carnaval, la llamada de Luis Valdés, un amigo constructor y profesor de electricidad, quien conoce mi interés por los temas científicos y las curiosidades de la naturaleza, acepté su invitación de visitar el área donde se encontraba realizando trabajos de excavación y perforación de roca para la construcción de un tanque séptico residencial, en las afueras de David. El interés principal era examinar los fragmentos de roca sedimentaria que los trabajadores iban extrayendo y amontonando en el terreno. En los mismos era evidente la existencia de incrustaciones calcáreas. A no dudarlo, se trataba de un enorme yacimiento pétreo de moluscos fósiles. El lugar se conoce como Coquito. Me acompañó el también amigo, poeta y fotógrafo Luis Guardia, cuya colaboración fotográfica complementa este artículo.

Recordé que durante las excavaciones del Canal, a principios del siglo XX, se encontró una formación geológica similar llamada Gatún, extremadamente rica en esqueletos de moluscos que hace unos 10 millones de años habitaron los mares de lo que hoy es el istmo de Panamá. Este hallazgo fue debidamente documentado por Wodring y Olson del Instituto Smithsonian (Ref: Puente Biológico de Stanley Heckadon Moreno).

Adicionalmente, sabemos que en las tumbas de los indígenas de Panamá y la América precolombina, es común encontrar collares de conchas y diversos objetos y ornamentos hechos con este material. Sin embargo, lo interesante del hallazgo al que hacemos referencia (Coquito) es que resulta obvio que no se trata de un conchero o entierro indígena habitual, sino más bien de una formación in situ en la que gasterópodos (caracoles) y bivalvos (conchas y mejillones) quedaron atrapados y preservados por los sedimentos lodosos (lama) de su propio entorno natural cuando toda el área (y por extensión el istmo entero) estaba cubierta por el mar.

 

A propósito, hace apenas unos 10 años, se pensaba que el istmo de Panamá había surgido del fondo de los mares, rápida y recientemente en una sola etapa. Hoy, gracias a los estudios de los fósiles de moluscos y corales encontrados en Gatún y su comparación con las especies existentes en las costas del Pacífico y del Caribe, se conocen mejor las etapas de este gran evento (surgimiento del istmo) que cambió incluso el clima mundial al alterar significativamente el patrón de circulación de las corrientes oceánicas.

Según los investigadores del Instituto Smithsonian hace 15 millones de años, Panamá surgió como un archipiélago; hace 8 millones de años, este archipiélago se extendió hasta sur América; 4 millones de años más tarde, el istmo ya había emergido y solamente existían tres corredores marinos entre el océano Pacífico y el mar Caribe, hasta que finalmente el istmo de Panamá separó las aguas de ambos océanos.

Cuando los océanos estaban unidos, las especies de moluscos de ambos mares eran similares. Al formarse el istmo (hace unos 3 millones de años), el número de especies comunes entre ambos mares, como es natural, disminuyó paulatinamente. La fauna caribeña cambió drásticamente y se extinguieron muchas especies como las que muy probablemente están representadas en los moluscos fósiles de Coquito.

 

De existir el interés y los recursos, un estudio más a fondo por parte de especialistas, sobre estos fósiles (Coquito), ofrecería una manera adicional de conocer los cambios en los mares producto del surgimiento del istmo de Panamá, ya que los anillos de crecimiento de los bivalvos (conchas, almejas y mejillones) tal como se establece dendrológicamente la edad de los árboles contando los Anillos del duramen, indican las condiciones del mar en su momento. Por ejemplo, si durante su vida el molusco tuvo suficiente alimento, sus anillos crecieron rápidamente y serán anchos. Al contrario si dispone de poca comida o si la temperatura del mar baja drásticamente, el animal depositará o fijará poco calcio en su concha y sus anillos serán más delgados y estrechos. Por cierto, tengo varias muestras de estas rocas con incrustaciones de moluscos fósiles, por si algún científico o institución de investigación se interesa seriamente en el tema.

Así pues, aquel domingo de Carnaval, al sostener un pedazo de roca en mis manos, bajo el calcinante sol del verano y compartir algunas de estas observaciones con las propietarias del lote residencial y ante la mirada curiosa de los obreros quienes brevemente suspendieron su agotadora faena para también escuchar, comprendí con cuánta facilidad se aviva en el ser humano, el deseo por conocer lo ignoto y lo desconocido, en este caso, la fascinante historia oculta en estas conchas y caracoles dispuestas a platicarnos sobre el pasado y tal vez sobre el futuro de nuestro país.

Sin embargo, estoy claro en que la practicidad del modernismo y la abrumadora realidad del diario vivir en un país como el nuestro, en donde la prioridad no es la cultura y menos la investigación científica, obligarán a estos fósiles milenarios a seguir guardando el secreto, solo que esta vez, bajo una capa adicional de materia orgánica proveniente del tanque séptico, donde quedarán ocultos irremediablemente.

 



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375921
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América