Amelie Mauresmo, la número uno del mundo, saborea "relajada", la oportunidad de emular en Wimbledon a Suzanne Lenglen, la última francesa que logró ganar en el césped del All England Club, hace 81 años, en el gran duelo femenino de hoy, ante la belga Justine Henin-Hardenne, la flamante campeona de Roland Garros.
A la vista de la sólida racha que atraviesan ambas rivales, cabe anticipar el espectáculo del tenis femenino que albergará la "Catedral", donde se contrapondrán el tenis creativo y agresivo de Mauresmo al juego defensivo e inteligente desplegado por Henin en sus últimos partidos.
Información sobre las tácticas de su rival no les faltan a las finalistas de Wimbledon. En el pasado, sus destinos se han cruzado en nueve ocasiones, en cinco de las cuales fue Henin la que salió triunfante, incluyendo la final olímpica de los Juegos de Atenas, en el 2004.
En su duelo más reciente, fue la jugadora francesa la que claudicó ante la raqueta de la belga, perdiendo en la semifinal de Berlín.
Carlos Lee de Milwaukee se retiró por causa de una lesión de mano.
La organización general aquí en Alemania ha sido un modelo a seguir para cualquier Copa Mundial futura, aunque hay dos puntos que deberían ser considerados para la próxima vez.
En primer lugar, pienso que las semifinales debían jugarse en el mismo día para que ninguno de los equipos cuente con un día de ventaja antes de la final. En segundo lugar, opino que se necesitan un día o dos de receso entre el final de los juegos de grupo y el comienzo de los partidos de la fase eliminatoria en la segunda ronda.
Finalmente, debo elogiar a los fanáticos. Antes de las finales, las conversaciones reflejaban temor y giraban en torno a la seguridad y el comportamiento incivilizado que podría haberse presentado. Pero no ha habido problemas en la Copa Mundial -ni en el estadio, y los fanáticos anfitriones de Alemania han ayudado realmente a generar una atmósfera emocionante, apasionada y amistosa, que fue digna de observar.
Ha sido una fiesta maravillosa.